domingo, 30 de julio de 2017

88ª VUELTA A LA ESCOLLERA DE ALICANTE 2017

(*) Pulsando sobre la foto, se puede ver a pantalla completa.



Nada menos que en 1917 se disputó la 1ª edición de esta emblemática Travesía, la Vuelta a la Escollera de Alicante, que presume de ser la más antigua de España por su fecha de inicio, junto con algunas otras renombradas pruebas de aguas abiertas, como la Travesía del Puerto de Barcelona , que este año ha celebrado su 90ª edición, o la mítica Travesía de la Ría de Bilbao, que en 2017 cumplía su edición 78ª.

No obstante, el gran número de ediciones disputadas de esta prueba -la de este año, disputada el pasado 23 de Julio, era la que hacía el número 88-, no ha conseguido que "despegue" como una "Travesía de referencia" en el calendario de pruebas a nivel nacional, ya que ni siquiera está incluida en la Copa de España de Aguas Abiertas -como le ocurre a las dos antes citadas-, y que este año consta nada menos que de 13 pruebas, algunas de ellas incluso en aguas de la costa alicantina.

Y podrían ser varias son las razones que justificarían este poco fuste, esta escasa ambición de convertirse en lo que merecería ser, por ubicación y recorrido, una prueba "que hay que nadar, sí o sí"; pero ya iremos desgranando más adelante las que, a nuestro parecer, podrían ser las carencias de esta bonita travesía, algunas bastante significativas.

Imagen de la edición de 2016 donde se ve claramente el recorrido de la Travesía.
El circuito, de unos 4.200 metros aproximadamente, parte de la Zona Volvo, en la rada más exterior del Puerto de Alicante. Después de recorrer unos 1.500 metros por dentro de la lámina de agua del Puerto, llega al faro situado al final de la Escollera donde se produciría un giro de 180º, para volver en sentido inverso pero ya por la parte exterior de la Escollera. 
Una vez llegado al final de la parte exterior, se hace un giro de 90º para dirigirse hacia la orilla, al principio de la Playa del Postiguet, donde se sitúa el arco de Meta. 
En la foto superior, de la edición del pasado año, podéis ver el recorrido con nitidez.

La mañana amaneció gris, e incluso algunas nubes en la distancia parecían amenazar con lluvia. Pero nada de esto ocurrió; todo lo contrario, el hecho de que la mañana estuviera entoldada hizo que el viento fuera prácticamente nulo durante toda la jornada y propició también que la espera de los que estuvimos en la orilla esperando la llegada de los nadadores se hiciera más llevadera.

Aunque la cita era a las 10 de la mañana -un horario algo tardío para estos lares, donde el Levante comienza a remontar muy temprano en verano, como efectivamente ocurrió a partir de las 11h.-, desde bastante antes éramos numerosos los nadadores y acompañantes que estábamos en la explanada de la Zona Volvo, punto de partida de la Travesía y de entrega de gorros y silbatos.

Éramos 255 los nadadores inscritos -entre ellos, un servidor, que no pudo nadar, con gran pesar, por problemas sobrevenidos-, si bien fueron finalmente 211 los participantes, cantidad ligeramente superior a los 205 que finalizamos la prueba en la edición de  2016.

Estos momentos previos al inicio de las travesías son, para mí, los mejores, porque tienes oportunidad de saludar a multitud de gente que hace tiempo que no ves y comentar como han ido los últimos entrenamientos y las anécdotas de las travesías en las que participamos. 

Con Iván Cutillas, que debía haber sido mi compi.
Y en esta ocasión yo tuve ocasión de saludar, entre otros muchos, a mi amigo y compañero de entrenamientos, Iván Cutillas, "Cuti", con quien he compartido muchas brazadas este invierno en estas aguas alicantinas y con quien pensaba nadar esta Travesía. Iván finalizó con una magnífica marca de 1h.17', poniéndome los dientes largos a mí que lo esperaba junto al arco de Meta, porque ésta deberíamos haberla nadado juntos. Argggg!
En 2018 procuraré no fallar a la cita, si mi salud me lo permite. 

Los nadadores esperando el silbato de Salida
Dado que la salida se hacía desde dentro del agua, entre dos grandes boyas naranjas, fueron numerosos los nadadores que se tiraron previamente a las aguas del puerto para hacer sus calentamientos, esperando  la salida. 

Pese a que la mayor parte de la prueba se desarrolla fuera del recinto del Puerto, es decir, bastante alejado de la línea de costa, son minoritarios los nadadores que llevan "boya de señalización", un elemento fundamental a mi entender, pero que parece que a algunos -particularmente a los menos veteranos- aún "les avergüenza" llevar, cuando en muchas travesías ya lo están haciendo hasta obligatorio. 

Yo, personalmente, siempre la llevo, tanto en entrenos, como en travesías, no sólo por la señalización en sí, sino porque me aporta una gran seguridad en caso de un calambre o, incluso, un ligero mareo.


Afortunadamente, este año el silbato de salida sonó muy puntual, a las 10h.; nada que ver con el caso del pasado año, donde nos tuvieron un buen rato en el agua esperando, para gran desesperación de todos los nadadores.

Y empezó la aventura. Aunque los primeros 1.500 metros transcurren íntegramente dentro de la lámina de agua del Puerto de Alicante, lo que lleva a pensar a los menos veteranos -y más ingenuos-, que toda la Travesía va a ser igual. 

Algunos se quejan del olor del gasoil de los barcos, de que el agua está muy turbia dentro del Puerto, pero lo realmente bueno comienza cuando vuelves el faro situado al final de la Escollera y sales realmente a mar abierto.

Nadando camino del Hotel Meliá
Ahí es donde llega lo bueno, aunque este año los participantes han tenido suerte y se han encontrado con una mar prácticamente plato durante todo el recorrido. 

Pero al salir de la protección de la Escollera, de repente, la temperatura del agua disminuye varios grados y las corrientes, predominantemente de Levante, se hacen notar, por muy calmado que esté el ambiente. 

Y este año no ha sido la excepción, ya que todos los participantes se han quejado de que una molesta corriente en contra no les dejaba avanzar en dirección al Hotel Meliá, donde se ubicaba el arco de Meta. 

Último giro antes de encararse a la Playa del Postiguet
Finalmente, la larga serpiente de nadadores acaba la parte exterior de la Escollera y, una vez alcanzado un pequeño faro verde que hay en la esquina final de la misma, toca girar 90º para dirigirse hacia la Playa del Postiguet, destino último de la prueba.

Pero aún quedaba una última sorpresa, sobre todo para los que no conocen esta zona en concreto. Al llegar al inicio del espigón donde está ubicado el Hotel Meliá hay un pequeño espigón submarino para evitar que se produzca el arrastre de arenas de la playa por el mar, que sólo conocemos los que nadamos habitualmente por esta zona, y cuyas rocas están a escasos centímetros por debajo de la superficie, de tal forma que no son visibles hasta que no estás literalmente encima de ellas. 
Si os fijáis en la foto del inicio de la crónica, es perfectamente visible su sombra, por debajo las cristalinas aguas, el citado espigón traicionero.

Consecuentemente, si este punto no está bien señalizado con boyas, no son pocos los nadadores que tienen una desagradable sorpresa cuando, de pronto, se encuentran con que una incómoda muralla submarina de rocas les impide continuar en línea recta y les hace dar un largo rodeo para evitarlas. 

Este "espigón escondido" ha destrozado las expectativas de marca de muchos nadadores que piensan que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta. Y éste es uno de los casos en que dicho camino pasa por hacer una pronunciada parábola para no estrellarse literalmente contra las rocas. 

El gran David Ibáñez entrando cómodamente en Meta
El primero en pasar bajo el arco de Meta fue David Ibáñez, del CN Elche, con un registro de apenas 53'. La comodidad con que entró David en Meta fue evidente, ya que le sacó una ventaja de más de dos minutos al segundo clasificado de la prueba.

En segunda posición entró Oscar Estrada, del CN Arena Alicante, en 55'19", en competido sprint con Oscar Pina, ya que éste arribó sólo un segundo después.

Eliana Sotelo en su segundo triunfo consecutivo

En féminas la vencedora fue Eliana Sotelo del CD Aguaviva de Benidorm, con 59'46". Se da la circunstancia de que esta nadadora fue también la primera en llegar en la 1ª Travesía de la Playa de Levante de Benidorm, disputada el pasado domingo en la ciudad de los rascacielos. ¡¡Menudo palmarés lleva esta mujer!!.

En 2º lugar de mujeres llegó Ángela Cerdán, del CN Arena Alicante, en 1h.00'45".

En total fueron 31 mujeres las que llegaron a Meta en las diferentes categorías, apenas un 15% del total de nadadores. Éste es un porcentaje bastante bajo de féminas para un deporte como éste, donde la presencia femenina es considerablemente más abundante que en la mayoría de deportes de fondo. 

Y a continuación comenzó el lento goteo de nadadores que iban entrando bajo el arco de Meta, con evidente alegría la mayoría y con cara de mucho cansancio en algunos de ellos. 

Pese a que el "corte" y cierre de Meta estaba establecido en las 2 horas, hubo un nadador que precisó nada menos que 2h.11' en pasar bajo el arco, entrando casi 12' después del penúltimo, acompañado por los kayacs y las lanchas de Protección Civil. Y muy contento, por cierto.

Sin querer quitar mérito a estos esforzados nadadores que precisan de tanto tiempo para finalizar, lo cual evidencia sin duda una gran fuerza de voluntad, a veces nos preguntamos cuál es el nivel de preparación deportiva real con el que se enfrentan a pruebas de esta envergadura y dureza. 

Quiero decir con esto que si algún nadador precisa de dos horas, o incluso más, para nadar 4.200 metros en una mar plato como la que apareció el pasado domingo, ¿Cómo habrían acabado si hubiera amanecido una mar tan sumamente complicada como en 2014, en la que yo participé, y donde padecí la experiencia más dura por la que he pasado en mi trayectoria como swimmer?

Con ello no quiero desanimar a nadie, ni mucho menos asustarlo; pero al mar hay que tenerle muchísimo respeto y a veces no es suficiente con "plantearse un reto" y lanzarse alegremente a realizarlo sin la preparación suficiente y, sobre todo, sin ser consciente de que si la cosa se pone fea, se puede llevar uno un buen susto. O algo peor.


No podía dejar pasar la ocasión: una foto con el vencedor
Mientras estábamos esperando la llegada de todos los nadadores, fue el momento del "postureo" y de hacerse fotos con los amigos, mientras comentábamos las anécdotas más significativas de la prueba. 

Particular alegría me dio el triunfo de mi amigo David Ibáñez, un nadador al que vengo siguiendo desde que coincidí con él hace unos años en la Piscina del Pabellón Deportivo de Elche y que últimamente está cosechando numerosos triunfos, tanto en piscina, como en Aguas Abiertas.


Oscar Pina, David Ibáñez y Oscar Estrada
En cuanto al trío masculino vencedor, se completa con Oscar Pina y con Oscar Estrada, dos clásicos en los podios de las Aguas Abiertas en las costas alicantinas. 

No quiero dejar de nombrar al gran César Hernández, que entró en 4º lugar, con 55'40", y que en las próximas semanas se enfrentará a un importante reto nada menos que en la India, en el Río Ganges, donde nadará una Travesía de 81 km. 

Finalmente, y una vez llegado el último nadador, se procedió a la entrega de premios, siendo la Concejala de Deportes del Ayuntamiento de Alicante, Eva Montesinos, la encargada de hacer tal labor.

Oscar Estrada, David Ibáñez, Oscar Pina y Eva Montesinos, Concejala de Deportes

Y aprovecho el comentario sobre la entrega de premios para hacer hincapié en algunas de las carencias que hemos detectado en esta Travesía, de las que ya nos hicimos eco el pasado año, pero con escaso éxito a la vista de lo visto.

En primer lugar, a mi modesto entender, el tema de la seguridad no está satisfactoriamente resuelto. Es cierto que había varias lanchas de Protección Civil -tres o cuatro, si no recuerdo mal-, pero había apenas 6 kayacs y otros tantos paddle surfers para 211 nadadores y, sobre todo, para una prueba que "se estira" tanto como hemos comentado (1h.20' de diferencia separaban al primer y al último nadador) y que sale a mar abierto a gran distancia de la costa; a mí, particularmente, este despliegue de medios de seguridad me parece claramente insuficiente.


Siempre el mismo gorro, travesía tras travesía...
Por otra parte hay detalles que quedan de una pobreza extrema. El hecho de que el gorro de la Travesía -el único trofeo que se llevan las mayoría de los nadadores-, sea uno genérico que entrega la Concejalía en todas las pruebas que organiza, deja una pobre imagen y un nulo interés en conservarlo después. Al menos en mi caso, que conservo todos los gorros de las pruebas en las que participo, y que tengo ya media docena de gorros, todos rojos, todos iguales, de las Travesías de Alicante. Tampoco sería tan costoso estampar el gorro con el nombre del evento, para poder tener un recuerdo del mismo. Digo yo

Otro apartado a mejorar es la entrega de premios, la imagen más visible de la Travesía, donde todo el mundo está haciendo fotos, y que queda tremendamente deslucida, muy sosa, porque no hay ni podio, ni pancarta de la Travesía, ni banderas, ni ná de ná. La imagen que se lleva uno al final de este acto, caso de haber conseguido premio, no es precisamente para ponerle un marco

Es una pena que una Travesía con un recorrido tan bonito, tan lucido -en pleno centro de Alicante- y en plena temporada alta, quede tan deslucida por estos detalles -algunos importantes como el de la seguridad, otros de imagen, como la entrega de premios-, que no la ayudan a crecer y a colocarse entre los referentes de las Aguas Abiertas de España. 

De poco sirve el amplísimo despliegue que hace la Concejalía en redes sociales -que ése sí que es realmente notable-, porque en este tipo de eventos, el "boca oreja" funciona a las mil maravillas y con todas las carencias citadas, se hace difícil recomendar la prueba a un amigo que no la conozca.

Lo venimos diciendo desde la edición de 2014, que fue la primera en la que participé, pero, de momento, con nulo eco entre sus responsables. 
Seguiremos insistiendo, porque nuestra crítica pretende ser  constructiva, no demoledora, y por supuesto, con el interés último de hacer más grande la Travesía.

Por último, quiero agradecer a Javier Sánchez, uno de los fotógrafos oficiales de la prueba, el haber podido hacer uso de varias de sus magníficas instantáneas para ilustrar esta crónica.


Figuración de la Salida, sobre foto de Javier Sánchez, fotógrafo oficial de la Travesía

¡Nos vemos en el agua!

José María Galera (Josemari)
OWS Alicante


miércoles, 19 de julio de 2017

I TRAVESÍA PLAYA LEVANTE BENIDORM 2017

(*) Pulsando en cada foto, se abre a pantalla completa


La Playa de Levante de Benidorm. La salida, frente al Hotel Bilbaíno, un clásico.
Pocas playas más icónicas en nuestro litoral que la Playa de Levante de Benidorm (Alicante); de hecho, la podríamos calificar como "la playa" por excelencia, puesto que siempre que se habla de turismo, de arenas blancas, de aguas cristalinas,....siempre acaba apareciendo en imagen esta playa de la capital de la Costa Blanca.

Era por ello extraño que en un entorno tan privilegiado, aún no se disputara ninguna prueba de aguas abiertas, puesto que se presta a ello en cualquier época del año.

Y ha sido finalmente el Club Deportivo Finisher el que se ha decidido a organizar una Travesía que cruzara de punta a punta tan icónica bahía, con el apoyo del Ayuntamiento de Benidorm.

Hay que señalar que la gente del Finisher no son, para nada, unos recién llegados en la organización de este tipo de eventos, puesto que durante varios años han sido los encargados de que se realizara la Travesía de la Playa del Albir, situada en el vecino municipio de Alfaz del Pí, justo al otro lado de la Sierra Helada, que separa la Playa de Levante de Benidorm de la citada Playa del Albir. 

Esta era una prueba modesta, pero con una impecable organización, año tras año, gracias  al empeño, el cariño y la profesionalidad que ponían los componentes del Finisher en hacernos disfrutar de esa Travesía durante los años que se encargaron de organizarla. Yo tuve la suerte de participar varias veces, y doy fe de ello.

La presentación en el Ayuntamiento de Benidorm
Pero este año han dado el salto a Benidorm y el pasado 28 de junio hicieron la presentación oficial de la prueba en el Ayuntamiento de Benidorm, contando para la presentación con la presencia de Arturo Cabrillo, Concejal de Deportes, quien posteriormente nadó también la Travesía. ¡Qué mejor manera de implicarse en una prueba que participar en ella de forma activa! 

Al ser ésta la primera edición, han querido "empezar por abajo" y limitaron el número de participantes a 125, en el ánimo de comenzar la casa por los cimientos, e ir corrigiendo los pequeños fallos que pudieran surgir contando con un número limitado de nadadores, ya que, traspasado un determinado número de participantes, las dificultades, caso de surgir, pueden aumentar de forma exponencial. 

Una sabia medida, fruto de su experiencia en anteriores organizaciones, y que muestra la prudencia y buena cabeza con que han afrontado el reto.



Porque  nada más que de reto puede calificarse la aventura que afrontaron estos valientes: organizar una Travesía en la playa más congestionada de Europa, un domingo de pleno verano, y que todo transcurriera con absoluta normalidad e, incluso, con tranquilidad. 

Y, encima, disfrutando todos los que participamos en ella de alguna manera: los nadadores, los espectadores y los organizadores. 

Un reto arriesgado de afrontar, pero que cubrieron con nota, pero con nota alta.

La Playa de Levante, muy temprano, y sin bañistas aún. ¡Un lujo!
La cita era a las 9 de la mañana, pero desde mucho antes ya se veía movimiento en el rincón donde se iniciaría la prueba después, muy próximo al célebre Géiser de Benidorm que, para esta ocasión no estaba en funcionamiento, ya que el tramo final de la prueba era rodeándolo, antes de dirigirse hacia el arco de Meta. 

La imagen de la playa, sin gente y con la Isla de Benidorm al fondo es difícil de olvidar, por lo inusual. 


El circuito, de 3.500 metros de longitud aproximadamente, se iniciaba al principio de la Playa de Levante, transcurriendo en paralelo a la orilla y siguiendo una línea de grandes boyas naranjas instaladas por la organización para, al llegar al Cable Sky, girar  180º y volver de nuevo, pero esta vez por dentro de la sucesión de boyas amarillas de la línea de costa que delimitan la zona de baño; una vez llegados al citado Géiser, se bordeaba para dirigirse de nuevo al punto de partida, donde se encontraba el arco de Meta. 

En el tiempo previo a dar la salida fue el momento de ir tomando contacto con el mar, calentando un poco y aclimatándose a unas aguas que amanecieron sencillamente espectaculares, después de algunos días de temporal de Levante, que hicieron temer que la Travesía resultara menos placentera de lo que finalmente resultó. 

Oyendo las indicaciones por megafonía
En un momento dado, por megafonía avisan de que hay que ir aproximándose a el arco de Salida, junto a la alfombrilla de control de los chips, para oír las últimas indicaciones de la organización antes de dar el silbato de salida.
Dado que el número de nadadores rondaba el centenar -finalizaron un total de 98-, no hubo mayor dificultad para poder escuchar todas las indicaciones y hacer las preguntas de rigor. 

El entusiasmo de los participantes al sonar el silbato era evidente.

Hasta que a las 9 horas, con puntualidad británica, y después de la consabida cuenta atrás: 10, 9, 8, ......, suena finalmente el silbato de salida y la gente comienza a correr como posesos para entrar en el agua. 

La Playa de Benidorm, es este punto, es algo traicionera, porque hay inesperados escalones en la arena, lo que provocó más de una caída de los más nerviosos, tanto en la Salida como al final, cuando entraron en Meta.

Los organizadores y un servidor, esperando a los nadadores, bajo un Sol de justicia
Ya parece que vienen....
Yo siempre digo que el que no ha sido nunca público en una prueba deportiva no sabe el mérito que tiene la gente que espera pacientemente a la llegada de los participantes porque éstos, cuando llegan, están disfrutando de su esfuerzo y de su deporte, pero los espectadores, no tienen mayor disfrute que aguantar a pie quieto, con un Sol realmente de justicia, para poder propinar unos pocos aplausos que, en la mayoría de los casos, pasan desapercibidos, para el nadador que entra en Meta.

Mérito el de los deportistas que participan, pero mayor mérito el de los familiares y amigos que los están esperando, a veces, durante horas.

Y por fin llega el primer participante, Xavi Martínez, un jovencísimo nadador del Club Aquatics de Benidorm, que hizo un registro de 47'54", seguido muy de cerca por Jonás Marín, del Club Deportivo Finisher a apenas 6". En tercer lugar entraría un clásico en los podios de las travesías de esta zona, el gran César Hernández, del Club Apolana de Alicante, en 48'25".

Los primeros clasificados inmortalizando el momento en el photo call.
En el apartado de féminas, la vencedora fue Eliana Sotelo, del Club Deportivo Aguaviva de Benidorm, en 51´39", entrando en 5º lugar de la general; en 2º lugar de féminas, y puesto 17º de la General, Marina Martínez, del C.N.Master, con 58'40".

Con Fabián Villena, comentando las incidencias
La entrada de nadadores fue comentada en su primera parte por Chechu Viñegla, del Finisher, que aguantó estoicamente durante una hora larga, ya con claros síntomas de cansancio al final de su locución, por efecto del Sol abrasador e inmisericorde que caía ya a esas horas sobre nuestras cabezas.

La última parte de la llegada de deportistas fue comentada por el gran Fabián Villena que, previamente, participó también nadando en la Travesía, logrando un nada despreciable puesto 18º -entró junto a la segunda fémina-, y que cruzó la Meta junto a Richard Cortés y José Félix Lara, los tres del Club Finisher. 
Pero el esfuerzo previo de natación no le impidió a Fabián el comentar la prueba con la energía y la simpatía desbordante que caracteriza siempre sus intervenciones. 

Y así, en un lento goteo, fueron entrando el resto de participantes, hasta que le tocó el turno al último, el nadador número 98º, que entró una hora y tres minutos después que el primero en traspasar el arco de Meta. 

Se trataba de Narciso Martínez, un sufrido independiente que, pese al esfuerzo que suponemos que le representó el finalizar la Travesía, a la vista del tiempo empleado, no se desanimó, y siguió, brazada tras brazada, nadando hasta traspasar el arco de Meta. 

Ello le valió un caluroso aplauso de todo el público que quedaba aún en la zona y que todos los kayackers que le acompañaron hasta el final le hicieran un emotivo paseíllo aplaudiéndole. 

Con la incombustible Llanos García, de Natura Sport
Llegó entonces el momento de los abrazos, de los selfies, y de comentar con los numerosos amigos y conocidos las incidencias de la prueba. 

Quiero resaltar que la organización fue impecable en todos los sentidos. Empezando por la excelente señalización del circuíto, a base de grandes boyas naranjas muy visibles en la distancia. 

Muy cuidado también el tema del avituallamiento, abundantísimo, tanto en comida como en bebida, y no sólo para los participantes, sino para los acompañantes que esperábamos dentro del recinto que acotaron en la playa.

Y un aplauso especial para la seguridad, un apartado importantísimo y que, en la mayoría de las pruebas, está tratado de una forma muy básica. 

No sólo era en el agua -ya que había 17 kayacs para apenas 100 nadadores-, sino también en tierra, con dos ambulancias de uno de los patrocinadores de la Travesía. Un diez en este apartado.

El equipo organizador, artífices del éxito de la Travesía.
Pero nada de esto hubiera sido posible sin la implicación y el entusiasmo del Club Deportivo Finisher, que se volcaron en que todo estuviera de maravilla y que todos, nadadores y acompañantes, nos sintiéramos muy mimados. La mayoría de ellos, grandes nadadores, renunciaron a nadar para cuidar de que todo funcionara a las mil maravillas. Mi admiración y mi respeto por ello a todos estos campeones.

Y no quisiera concluir sin decir que le auguro un futuro extraordinario a esta prueba, que ha empezado con humildad su trayectoria, pero a la que le deseo el mayor de los éxitos en ediciones venideras. El año próximo prometo participar de nuevo, pero esta vez nadando yo también en la Playa de Levante.

Yo tampoco me pude resistir al photo call. 

Nos vemos en el agua!

José María Galera (Josemari)
OWS Alicante



jueves, 25 de mayo de 2017

I TRAVESÍA DE LA CANTERA (Alicante) 2017

* (pulsando sobre la foto, se abre a pantalla completa)




Un azar premonitorio permitió que participara en esta prueba, que se organiza por primera vez en la Playa de la Albufereta, de la ciudad de Alicante.

El pasado 18 de diciembre, la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Alicante organizó la tradicional Travesía de Navidad, que se desarrolla en la Playa del Postiguet, turística playa urbana de la ciudad y que es a la vez la postal típica de la misma.

Desgraciadamente, la citada Travesía hubo de ser suspendida a última hora, dado el importante temporal de mar que hubo por esas fechas. Mi gozo en un pozo. Y una premonición de lo que me iba a encontrar después.


Posteriormente, la Concejalía nos dio oportunidad a los que no pudimos participar en aquella Travesía, de quedar inscritos gratuitamente en ésta, que se organizaba por primera vez. Supongo que el interés, muy lícito por cierto, de los responsables era el de promocionar una prueba que echaba a andar y que, al disputarse en tan tempranas fechas, era previsible que no tuviera una participación explosiva.  Como efectivamente así ocurrió.

Y aproveché la oferta, porque era la oportunidad de competir en la playa donde yo hice mis primeros pinitos OWS y en la que he nadado posteriormente docenas de veces, pese a que no es de mis favoritas, por lo turbia que está habitualmente el agua. Aunque también he de decir en su defensa que es extremadamente raro que haya medusas en ella. Todo suma....

Esquema con los recorridos de las pruebas
La prueba consistía en realidad en dos Travesías, una de 2.000 metros y otra de 4.000 metros, con Salida y Meta en la citada playa de la Albufereta. Ambos recorridos discurrían paralelos a la costa, teniendo la primera Travesía la boya de giro a la altura del Edificio Rocafel y la segunda un poco antes del espigón del Club de Regatas. Os recomiendo que echéis un vistazo al recorrido teórico, que veis en la imagen, porque os resultará de utilidad para lo que relato a continuación.

Pese a los importantes esfuerzos publicitarios de los responsables de la prueba, la asistencia no fue excesiva, unos 90 nadadores para la prueba corta y unos 140 para la larga. Y las circunstancias que acompañaron su posterior desarrollo tampoco ayudan a que se convierta en un referente importante en la zona en cuanto a participación.

No obstante, yo casi que las prefiero así, porque ya huyo de las travesías masificadas en que se han convertido algunas convocatorias y en las que, pese a "lo grande que es el mar", no hay manera de nadar en condiciones, porque la sobreabundancia de nadadores hace que todo sean patadas, codazos, manotazos, etc., lo cual lo hace muy incómodo a los que sólo vamos a disfrutar el rato de competición. 

El pronóstico desde varios días antes de la prueba era de Levante moderado. "Bueno, pensé, la Albufera está muy protegida del viento de Levante por el Cabo de las Huertas, o sea que, al menos la primera parte no habrá problemas...¡Ja! ¡Los cojones!"

La Playa de la Albufereta el día de la prueba, antes de montar el arco de Salida/Meta

La organización había colgado a primera hora en Facebook la foto que veis más arriba, donde parecía que la playa era una plácida laguna de calmadas aguas. "Parece que la cosa puede ir bien", pensé.

Pero ya cuando iba en el TRAM -que discurre paralelo a la costa y al circuíto que íbamos a nadar- pude comprobar que mis suposiciones habían pecado de optimistas. Había un mar de fondo -fruto de los varios días consecutivos en que estaba soplando el viento de Levante-, que no me gustaba nada. 

Llegada al punto de salida, recogida del gorro y el silbato que nos dieron, y empezamos con los preparativos: neopreno, vaselina, gorro, chip, gafas, pulsómetro y, en mi caso, mi boya, mi inseparable boya, con la que nado siempre, no sólo como elemento señalizador -que en este caso era innecesario-, sino también porque me aporta una gran seguridad ante cualquier incidente. 


Recuerdo cuando hace tres años fui uno de los primeros en nadar con boya, que la gente se burlaba de mí, porque la veía totalmente accesoria. Afortunadamente -al igual que ocurrió en su tiempo con el casco en las motos, que hoy vemos normalizado, pero hace años era algo exótico-, el tiempo me ha acabado dando la razón y, hoy día, una gran mayoría de nadadores entrenan ya con boya. Incluso en determinadas travesías de larga distancia, la boya es imprescindible. Vamos avanzando poco a poco.....

A las 10h. dieron la salida al primer grupo de la Travesía corta y, apenas unos minutos después, nos avisan por megafonía a los de la Travesía larga para que nos vayamos situando bajo el arco de Salida.... El mar, desde la orilla, se veía con importantes olas, típicas del mar de fondo, pero nada preocupante. Aunque he de decir que la Albufereta es una playa traidora, porque lo que luego te encuentras dentro no tiene nada que ver con lo que se ve desde la orilla. Esta vez no iba a ser la excepción.

Momentos antes del inicio de la Travesía. Calentamiento de los participantes

La gente que estaba calentando, salía del agua para situarse bajo el arco de Salida, puesto que debíamos pasar con el chip que llevábamos en el tobillo para que quedara registrada nuestra salida en su momento. Nos dieron las indicaciones (por cierto erróneas en cuanto al número de boyas, lo cual me despistó bastante luego mientras nadaba). 

Yo, mientras, miraba en la distancia el "bamboleo" que tenían las grandes boyas y las motos de agua que ya estaban adentro, esperando nuestra salida. Y ya estaba con la mosca detrás de la oreja, la verdad....

Salida de la prueba de 4.000 metros. Algunos de nosotros llevábamos boya

Y por fin suena el claxon de salida. Como conozco esta playa como la palma de mi mano, sé que es traicionera porque, aunque parece de arena fina, de vez en cuando aparece una mega roca en el fondo que, dada la turbidez del agua, no se ve, y te puede provocar un buen susto, cuando no que te dejes un dedo del pie por el camino. 
Entonces, resulta mucho más prudente entrar poco a poco, tanteando bien el suelo que pisas, antes de decidirte a dar brazadas. Entrar corriendo a nadar en esta playa es sumamente arriesgado por lo antes comentado. 

Fiel a mi costumbre, entré al agua de los últimos
Y así lo hice efectivamente, por más que esta prudencia a la hora de entrar en el agua me supusiera posteriormente una "penalización" de unos minutos entre el tiempo oficial que marcaba el chip y el que realmente marcó mi pulsómetro, puesto que yo no puse éste en marcha hasta que no empecé a nadar realmente. 

Nada más empezar a bracear camino de la primera boya de giro, detecté que aquello no iba a ser un "paseo militar", sino algo más complicado que eso. Por fin llegué a la boya de giro, situada tremendamente lejos de la orilla para mi gusto (calculo que al menos a 500 metros), lo cual propiciaba que el vaivén constante de las olas pareciera mucho más importante, dado que la profundidad en esa zona era bastante notable. 

Realmente no entendía por qué situaron las boyas tan alejadas de la línea de costa, puesto que a lo largo del circuíto no existe playa, es todo zona de acantilado, y las posibilidades de tropezar con un bañista son inexistentes. A la vez, nadar tan alejado de la orilla, con una mar tan picada, da una gran inseguridad. Otra cosa que yo corregiría para próximas ediciones de esta prueba. 

Y, una vez rebasada dicha boya, me enfrenté de lleno a la Travesía en sí. Nos habían dicho que había 3 boyas rojas y, a continuación una amarilla grande, que marcaría los primeros 1.000 metros y sería a la vez el punto de giro para los de la Travesía corta. Desde el punto en que estaba no conseguí ver donde estaba la siguiente boya, la 2ª, tal era el tamaño de las olas que nos subían y nos bajaban. "Bueno, pues vamos a nadar paralelo a la costa y ya veremos...."

Por fín llega la 2ª boya roja; aquello me pareció una eternidad. Yo tengo el hándicap de que mis principios son siempre muy dificultosos, hasta que consigo eliminar los nervios de la salida y "coger mi ritmo". En circunstancias normales esto suele pasar en los primeros 500 metros, pero en esta ocasión me costó bastante más. 

Por supuesto, desde esta 2ª boya era imposible ver la 3ª, o sea que, de nuevo, nadando a ciegas, en sentido figurado. Como los vaivenes eran tan notables, era materialmente imposible mantener una trayectoria más o menos rectilínea, hasta para mí, que me suelo orientar de maravilla en el mar. Uffff.....¡vaya marrón!

La consecuencia era que los nadadores que volvían ya de la Travesía corta se atravesaban en nuestro camino, y nosotros en el suyo, con lo cual tenías que ir con gran cuidado con no darte un "cabezazo" con alguien que volvía tan a ciegas y tan despistado como tú. De hecho, yo choqué varias veces con algunos de ellos, afortunadamente sin consecuencias.

Por fin se ve la 3ª boya roja que, curiosamente, estaba junto a la amarilla grande ¿¿¿???. "No entiendo nada, pensé". Pero lo mejor fue que, cuando rebasé la citada boya amarilla miré el pulsómetro con GPS que llevo y marcaba ¡1.300 metros!. ¡Qué lío, por Dios! 
El desbarajuste en las boyas y su ubicación crearía un gran desconcierto, aparte de quejas posteriores por parte de los nadadores.

Había hecho 1.300 metros, apenas 25 minutos transcurridos, pero aquello se me estaba haciendo eterno. Afortunadamente, había superado la ansiedad y los nervios y me dediqué a pensar en "sobrevivir", porque pensar en disfrutar en esas condiciones no era fácil, al menos para mí.

Vamos a por la siguiente boya roja. Ya había perdido la cuenta con el lío que llevaba, entre lo que nos habían dicho en la orilla y lo que estaba viendo en realidad. En éstas que veo a una moto de agua, circulando a toda pastilla y con una boya roja encima; resulta que el oleaje había roto el anclaje de una de las boyas, y ésta se iba volando mar adentro. "Pues ya es lo que nos faltaba, ahora sin boyas", pensé. Y no fue baladí mi pensamiento, porque el viento acabó arrastrando varias boyas y el final de la Travesía y la llegada a Meta fue algo caótico por esta circunstancia.... 

Afortunadamente, a lo lejos, se veía el espigón del Club de Regatas que era donde, en teoría, habían colocado la 2ª boya amarilla, y donde debíamos de girar para volver al punto de Salida. Y hacía allí me encaminé. Finalmente comencé a divisar la citada boya y pensé: "bueno, ya parece que vamos avanzando". Mientras, ya había cogido mi ritmo de nado y comprobé que no iba demasiado mal en cuanto a velocidad, lo que pasa es que, a base de tragar tanta agua, aquello parecía no tener fin. 

Llegada a la 2ª boya amarilla que, ésta sí, marcaba exactamente los 2.000 metros. El ritmo (2'02"/100m.) no estaba mal. No era para ir a las Olimpiadas, pero tampoco para que te silbaran al salir del agua....je,je,je.

Tocaba volver al punto de partida. Ya estaba mentalmente más tranquilo, había cogido mi ritmo de braceo y, viendo que la velocidad no era mala, decidí intentar disfrutar un poco del tema, pese a que ahora tocaba nadar con el mar de contra y, por lo tanto, era bastante más complicado avanzar. 

Mientras tanto, las boyas habían literalmente desaparecido del horizonte, barridas por el viento, por lo que tocaba utilizar la brújula mental para volver a tierra.

Y no me fue mal del todo el regreso. Conseguí abstraerme de la mala mar, e ir dando una brazada tras otra, hasta que avisté el arco de Meta y hacia allí me encaminé. 

Nos habían dicho que habría una última boya de giro, justo enfrente de la Meta, que deberíamos dejar a la izquierda, antes de encaminarnos hasta la orilla. Pero ésta también había sido barrida por el viento, por lo que, desconcertado, cogí el camino más corto para salir.


El caso es que, una vez fuera del agua, cuando miraba hacia el mar, me parecía increíble la "aventura" vivida al ver una mar tan aparentemente plácida como se puede ver en las fotos. Pero ya se sabe que en la natación OWS lo peor no son las pequeñas olas que rizan el mar y le dan un aspecto complicado, sino las olas grandes de mar de fondo -que no se divisan desde la orilla-, que suelen ir asociadas a corrientes y que son las que deciden si puedes avanzar nadando o no. 

Bueno, al final la cosa no había ido tan mal y, como me decía una amiga mía, "es que sales hasta peinado del agua"...je,je,je.

Para mi sorpresa, luego vi que la Concejalía de Deportes había escogido la foto de mi entrada en Meta como "portada" del reportaje de fotos de la Travesía....je,je,je.

Aunque aún me quedaba alguna pequeña sorpresa desagradable que pasar: cuando llegué al avituallamiento resulta que "no quedaba nada". ¡Caramba! ¿Nada? ¿Ni agua?. Pues sí señores, no quedaba absolutamente nada..... ¡¡Sin comentarios!!

O sea que, después de estar casi hora y media peleándome con el mar, me tocó ir a pedir a los amigos que me dieran un trago de su bebida, porque yo tenía la boca "como un bacalao" de tanta agua salada como había tragado. 

Realmente, estos detalles son los que definen realmente las Travesías y, en mi experiencia, las organizadas por la Concejalía de Deportes de Alicante (y ya he nadado unas cuantas) van tan cortas de medios que pasan cosas como éstas. 
Y no es que se les hubiera desbordado precisamente la participación, no. Es, simplemente, que hacen los cálculos de avituallamiento tan sumamente ajustados que luego pasa esto. Y que mosquea, la verdad, porque estás desfallecido por el esfuerzo, y es que no tienes ni un vaso de agua que llevarte a los labios.

Entrega de premios categoría Máster D. Bastante desangelada, la verdad

Finalmente quedé el 3º de mi categoría, Master D, y me dieron esta mini copa que veis en la imagen. Pero, una vez más, lo ajustado de los medios materiales hizo que la entrega de trofeos se haga en medio de la arena y de una forma bastante desangelada. Sin un pequeño podio, un estrado o algo que distinga y le dé un poco de caché a la entrega; vamos que no había ni una triste pancarta de fondo, solamente una valla metálica azul y una mujer con pantalón pirata y chanclas dándote la copa... Bastante cutre, la verdad.

Como contrapartida, tengo que decir que la seguridad de la Travesía estuvo bastante bien atendida en todo momento; cada vez que me paraba en el agua, fuera por la circunstancia que fuera, se me acercaba un kayac o una moto de agua a preguntarme si necesitaba algo. Y la seguridad, algo desgraciadamente tan descuidado en muchas travesías, sí que es realmente importante para mí. 

Otra cosa que no me gustó demasiado fueron "la prisas" de los organizadores por desmontar el tinglado una vez llegados los nadadores a Meta, como si estuviéramos estorbando. Yo no llegué de los últimos, ni mucho menos, pero apenas me dio tiempo a vestirme para que me dieran la copa e, inmediatamente después, todo fueron prisas y carreras por desmontar aquello, como si molestáramos. Total, que a las 12,30 de la mañana la playa estaba como si nada hubiera ocurrido, mientras que unos pocos grupos de nadadores nos quedábamos de tertulia un ratito más. 

Uno de los principales alicientes de todas estas pruebas es, precisamente, poder ver a gente que hace tiempo que no ves y, una vez acabada la prueba, quedarse un rato comentando incidencias y anécdotas de la misma.

En este caso, entre el avituallamiento estilo "supermercado venezolano" y las prisas por desmontar el tinglado, no dio tiempo a hacer nada de esto.¡Ale, todos para casa!

Una pena. Así no se hace grande una Travesía, por mucho que la inscripción sea barata. Los pequeños detalles es lo que te hace recordar con agrado una prueba y tener interés en repetir.



Y nada más. Espero que os haya gustado.

Nos vemos en el agua!!

José María Galera
OWS Alicante