jueves, 25 de mayo de 2017

I TRAVESÍA DE LA CANTERA (Alicante) 2017

* (pulsando sobre la foto, se abre a pantalla completa)




Un azar premonitorio permitió que participara en esta prueba, que se organiza por primera vez en la Playa de la Albufereta, de la ciudad de Alicante.

El pasado 18 de diciembre, la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Alicante organizó la tradicional Travesía de Navidad, que se desarrolla en la Playa del Postiguet, turística playa urbana de la ciudad y que es a la vez la postal típica de la misma.

Desgraciadamente, la citada Travesía hubo de ser suspendida a última hora, dado el importante temporal de mar que hubo por esas fechas. Mi gozo en un pozo. Y una premonición de lo que me iba a encontrar después.


Posteriormente, la Concejalía nos dio oportunidad a los que no pudimos participar en aquella Travesía, de quedar inscritos gratuitamente en ésta, que se organizaba por primera vez. Supongo que el interés, muy lícito por cierto, de los responsables era el de promocionar una prueba que echaba a andar y que, al disputarse en tan tempranas fechas, era previsible que no tuviera una participación explosiva.  Como efectivamente así ocurrió.

Y aproveché la oferta, porque era la oportunidad de competir en la playa donde yo hice mis primeros pinitos OWS y en la que he nadado posteriormente docenas de veces, pese a que no es de mis favoritas, por lo turbia que está habitualmente el agua. Aunque también he de decir en su defensa que es extremadamente raro que haya medusas en ella. Todo suma....

Esquema con los recorridos de las pruebas
La prueba consistía en realidad en dos Travesías, una de 2.000 metros y otra de 4.000 metros, con Salida y Meta en la citada playa de la Albufereta. Ambos recorridos discurrían paralelos a la costa, teniendo la primera Travesía la boya de giro a la altura del Edificio Rocafel y la segunda un poco antes del espigón del Club de Regatas. Os recomiendo que echéis un vistazo al recorrido teórico, que veis en la imagen, porque os resultará de utilidad para lo que relato a continuación.

Pese a los importantes esfuerzos publicitarios de los responsables de la prueba, la asistencia no fue excesiva, unos 90 nadadores para la prueba corta y unos 140 para la larga. Y las circunstancias que acompañaron su posterior desarrollo tampoco ayudan a que se convierta en un referente importante en la zona en cuanto a participación.

No obstante, yo casi que las prefiero así, porque ya huyo de las travesías masificadas en que se han convertido algunas convocatorias y en las que, pese a "lo grande que es el mar", no hay manera de nadar en condiciones, porque la sobreabundancia de nadadores hace que todo sean patadas, codazos, manotazos, etc., lo cual lo hace muy incómodo a los que sólo vamos a disfrutar el rato de competición. 

El pronóstico desde varios días antes de la prueba era de Levante moderado. "Bueno, pensé, la Albufera está muy protegida del viento de Levante por el Cabo de las Huertas, o sea que, al menos la primera parte no habrá problemas...¡Ja! ¡Los cojones!"

La Playa de la Albufereta el día de la prueba, antes de montar el arco de Salida/Meta

La organización había colgado a primera hora en Facebook la foto que veis más arriba, donde parecía que la playa era una plácida laguna de calmadas aguas. "Parece que la cosa puede ir bien", pensé.

Pero ya cuando iba en el TRAM -que discurre paralelo a la costa y al circuíto que íbamos a nadar- pude comprobar que mis suposiciones habían pecado de optimistas. Había un mar de fondo -fruto de los varios días consecutivos en que estaba soplando el viento de Levante-, que no me gustaba nada. 

Llegada al punto de salida, recogida del gorro y el silbato que nos dieron, y empezamos con los preparativos: neopreno, vaselina, gorro, chip, gafas, pulsómetro y, en mi caso, mi boya, mi inseparable boya, con la que nado siempre, no sólo como elemento señalizador -que en este caso era innecesario-, sino también porque me aporta una gran seguridad ante cualquier incidente. 


Recuerdo cuando hace tres años fui uno de los primeros en nadar con boya, que la gente se burlaba de mí, porque la veía totalmente accesoria. Afortunadamente -al igual que ocurrió en su tiempo con el casco en las motos, que hoy vemos normalizado, pero hace años era algo exótico-, el tiempo me ha acabado dando la razón y, hoy día, una gran mayoría de nadadores entrenan ya con boya. Incluso en determinadas travesías de larga distancia, la boya es imprescindible. Vamos avanzando poco a poco.....

A las 10h. dieron la salida al primer grupo de la Travesía corta y, apenas unos minutos después, nos avisan por megafonía a los de la Travesía larga para que nos vayamos situando bajo el arco de Salida.... El mar, desde la orilla, se veía con importantes olas, típicas del mar de fondo, pero nada preocupante. Aunque he de decir que la Albufereta es una playa traidora, porque lo que luego te encuentras dentro no tiene nada que ver con lo que se ve desde la orilla. Esta vez no iba a ser la excepción.

Momentos antes del inicio de la Travesía. Calentamiento de los participantes

La gente que estaba calentando, salía del agua para situarse bajo el arco de Salida, puesto que debíamos pasar con el chip que llevábamos en el tobillo para que quedara registrada nuestra salida en su momento. Nos dieron las indicaciones (por cierto erróneas en cuanto al número de boyas, lo cual me despistó bastante luego mientras nadaba). 

Yo, mientras, miraba en la distancia el "bamboleo" que tenían las grandes boyas y las motos de agua que ya estaban adentro, esperando nuestra salida. Y ya estaba con la mosca detrás de la oreja, la verdad....

Salida de la prueba de 4.000 metros. Algunos de nosotros llevábamos boya

Y por fin suena el claxon de salida. Como conozco esta playa como la palma de mi mano, sé que es traicionera porque, aunque parece de arena fina, de vez en cuando aparece una mega roca en el fondo que, dada la turbidez del agua, no se ve, y te puede provocar un buen susto, cuando no que te dejes un dedo del pie por el camino. 
Entonces, resulta mucho más prudente entrar poco a poco, tanteando bien el suelo que pisas, antes de decidirte a dar brazadas. Entrar corriendo a nadar en esta playa es sumamente arriesgado por lo antes comentado. 

Fiel a mi costumbre, entré al agua de los últimos
Y así lo hice efectivamente, por más que esta prudencia a la hora de entrar en el agua me supusiera posteriormente una "penalización" de unos minutos entre el tiempo oficial que marcaba el chip y el que realmente marcó mi pulsómetro, puesto que yo no puse éste en marcha hasta que no empecé a nadar realmente. 

Nada más empezar a bracear camino de la primera boya de giro, detecté que aquello no iba a ser un "paseo militar", sino algo más complicado que eso. Por fin llegué a la boya de giro, situada tremendamente lejos de la orilla para mi gusto (calculo que al menos a 500 metros), lo cual propiciaba que el vaivén constante de las olas pareciera mucho más importante, dado que la profundidad en esa zona era bastante notable. 

Realmente no entendía por qué situaron las boyas tan alejadas de la línea de costa, puesto que a lo largo del circuíto no existe playa, es todo zona de acantilado, y las posibilidades de tropezar con un bañista son inexistentes. A la vez, nadar tan alejado de la orilla, con una mar tan picada, da una gran inseguridad. Otra cosa que yo corregiría para próximas ediciones de esta prueba. 

Y, una vez rebasada dicha boya, me enfrenté de lleno a la Travesía en sí. Nos habían dicho que había 3 boyas rojas y, a continuación una amarilla grande, que marcaría los primeros 1.000 metros y sería a la vez el punto de giro para los de la Travesía corta. Desde el punto en que estaba no conseguí ver donde estaba la siguiente boya, la 2ª, tal era el tamaño de las olas que nos subían y nos bajaban. "Bueno, pues vamos a nadar paralelo a la costa y ya veremos...."

Por fín llega la 2ª boya roja; aquello me pareció una eternidad. Yo tengo el hándicap de que mis principios son siempre muy dificultosos, hasta que consigo eliminar los nervios de la salida y "coger mi ritmo". En circunstancias normales esto suele pasar en los primeros 500 metros, pero en esta ocasión me costó bastante más. 

Por supuesto, desde esta 2ª boya era imposible ver la 3ª, o sea que, de nuevo, nadando a ciegas, en sentido figurado. Como los vaivenes eran tan notables, era materialmente imposible mantener una trayectoria más o menos rectilínea, hasta para mí, que me suelo orientar de maravilla en el mar. Uffff.....¡vaya marrón!

La consecuencia era que los nadadores que volvían ya de la Travesía corta se atravesaban en nuestro camino, y nosotros en el suyo, con lo cual tenías que ir con gran cuidado con no darte un "cabezazo" con alguien que volvía tan a ciegas y tan despistado como tú. De hecho, yo choqué varias veces con algunos de ellos, afortunadamente sin consecuencias.

Por fin se ve la 3ª boya roja que, curiosamente, estaba junto a la amarilla grande ¿¿¿???. "No entiendo nada, pensé". Pero lo mejor fue que, cuando rebasé la citada boya amarilla miré el pulsómetro con GPS que llevo y marcaba ¡1.300 metros!. ¡Qué lío, por Dios! 
El desbarajuste en las boyas y su ubicación crearía un gran desconcierto, aparte de quejas posteriores por parte de los nadadores.

Había hecho 1.300 metros, apenas 25 minutos transcurridos, pero aquello se me estaba haciendo eterno. Afortunadamente, había superado la ansiedad y los nervios y me dediqué a pensar en "sobrevivir", porque pensar en disfrutar en esas condiciones no era fácil, al menos para mí.

Vamos a por la siguiente boya roja. Ya había perdido la cuenta con el lío que llevaba, entre lo que nos habían dicho en la orilla y lo que estaba viendo en realidad. En éstas que veo a una moto de agua, circulando a toda pastilla y con una boya roja encima; resulta que el oleaje había roto el anclaje de una de las boyas, y ésta se iba volando mar adentro. "Pues ya es lo que nos faltaba, ahora sin boyas", pensé. Y no fue baladí mi pensamiento, porque el viento acabó arrastrando varias boyas y el final de la Travesía y la llegada a Meta fue algo caótico por esta circunstancia.... 

Afortunadamente, a lo lejos, se veía el espigón del Club de Regatas que era donde, en teoría, habían colocado la 2ª boya amarilla, y donde debíamos de girar para volver al punto de Salida. Y hacía allí me encaminé. Finalmente comencé a divisar la citada boya y pensé: "bueno, ya parece que vamos avanzando". Mientras, ya había cogido mi ritmo de nado y comprobé que no iba demasiado mal en cuanto a velocidad, lo que pasa es que, a base de tragar tanta agua, aquello parecía no tener fin. 

Llegada a la 2ª boya amarilla que, ésta sí, marcaba exactamente los 2.000 metros. El ritmo (2'02"/100m.) no estaba mal. No era para ir a las Olimpiadas, pero tampoco para que te silbaran al salir del agua....je,je,je.

Tocaba volver al punto de partida. Ya estaba mentalmente más tranquilo, había cogido mi ritmo de braceo y, viendo que la velocidad no era mala, decidí intentar disfrutar un poco del tema, pese a que ahora tocaba nadar con el mar de contra y, por lo tanto, era bastante más complicado avanzar. 

Mientras tanto, las boyas habían literalmente desaparecido del horizonte, barridas por el viento, por lo que tocaba utilizar la brújula mental para volver a tierra.

Y no me fue mal del todo el regreso. Conseguí abstraerme de la mala mar, e ir dando una brazada tras otra, hasta que avisté el arco de Meta y hacia allí me encaminé. 

Nos habían dicho que habría una última boya de giro, justo enfrente de la Meta, que deberíamos dejar a la izquierda, antes de encaminarnos hasta la orilla. Pero ésta también había sido barrida por el viento, por lo que, desconcertado, cogí el camino más corto para salir.


El caso es que, una vez fuera del agua, cuando miraba hacia el mar, me parecía increíble la "aventura" vivida al ver una mar tan aparentemente plácida como se puede ver en las fotos. Pero ya se sabe que en la natación OWS lo peor no son las pequeñas olas que rizan el mar y le dan un aspecto complicado, sino las olas grandes de mar de fondo -que no se divisan desde la orilla-, que suelen ir asociadas a corrientes y que son las que deciden si puedes avanzar nadando o no. 

Bueno, al final la cosa no había ido tan mal y, como me decía una amiga mía, "es que sales hasta peinado del agua"...je,je,je.

Para mi sorpresa, luego vi que la Concejalía de Deportes había escogido la foto de mi entrada en Meta como "portada" del reportaje de fotos de la Travesía....je,je,je.

Aunque aún me quedaba alguna pequeña sorpresa desagradable que pasar: cuando llegué al avituallamiento resulta que "no quedaba nada". ¡Caramba! ¿Nada? ¿Ni agua?. Pues sí señores, no quedaba absolutamente nada..... ¡¡Sin comentarios!!

O sea que, después de estar casi hora y media peleándome con el mar, me tocó ir a pedir a los amigos que me dieran un trago de su bebida, porque yo tenía la boca "como un bacalao" de tanta agua salada como había tragado. 

Realmente, estos detalles son los que definen realmente las Travesías y, en mi experiencia, las organizadas por la Concejalía de Deportes de Alicante (y ya he nadado unas cuantas) van tan cortas de medios que pasan cosas como éstas. 
Y no es que se les hubiera desbordado precisamente la participación, no. Es, simplemente, que hacen los cálculos de avituallamiento tan sumamente ajustados que luego pasa esto. Y que mosquea, la verdad, porque estás desfallecido por el esfuerzo, y es que no tienes ni un vaso de agua que llevarte a los labios.

Entrega de premios categoría Máster D. Bastante desangelada, la verdad

Finalmente quedé el 3º de mi categoría, Master D, y me dieron esta mini copa que veis en la imagen. Pero, una vez más, lo ajustado de los medios materiales hizo que la entrega de trofeos se haga en medio de la arena y de una forma bastante desangelada. Sin un pequeño podio, un estrado o algo que distinga y le dé un poco de caché a la entrega; vamos que no había ni una triste pancarta de fondo, solamente una valla metálica azul y una mujer con pantalón pirata y chanclas dándote la copa... Bastante cutre, la verdad.

Como contrapartida, tengo que decir que la seguridad de la Travesía estuvo bastante bien atendida en todo momento; cada vez que me paraba en el agua, fuera por la circunstancia que fuera, se me acercaba un kayac o una moto de agua a preguntarme si necesitaba algo. Y la seguridad, algo desgraciadamente tan descuidado en muchas travesías, sí que es realmente importante para mí. 

Otra cosa que no me gustó demasiado fueron "la prisas" de los organizadores por desmontar el tinglado una vez llegados los nadadores a Meta, como si estuviéramos estorbando. Yo no llegué de los últimos, ni mucho menos, pero apenas me dio tiempo a vestirme para que me dieran la copa e, inmediatamente después, todo fueron prisas y carreras por desmontar aquello, como si molestáramos. Total, que a las 12,30 de la mañana la playa estaba como si nada hubiera ocurrido, mientras que unos pocos grupos de nadadores nos quedábamos de tertulia un ratito más. 

Uno de los principales alicientes de todas estas pruebas es, precisamente, poder ver a gente que hace tiempo que no ves y, una vez acabada la prueba, quedarse un rato comentando incidencias y anécdotas de la misma.

En este caso, entre el avituallamiento estilo "supermercado venezolano" y las prisas por desmontar el tinglado, no dio tiempo a hacer nada de esto.¡Ale, todos para casa!

Una pena. Así no se hace grande una Travesía, por mucho que la inscripción sea barata. Los pequeños detalles es lo que te hace recordar con agrado una prueba y tener interés en repetir.



Y nada más. Espero que os haya gustado.

Nos vemos en el agua!!

José María Galera
OWS Alicante


lunes, 26 de septiembre de 2016

I TRAVESÍA PLAYA LA PATACONA 2016


(* Pulsando en las fotos, se abren a pantalla completa)




Fue a principios de este verano cuando un grupo de nadadores OWS pertenecientes al equipo de Nadópatas Patacona (Valencia) -en su Dimensión Paralela, los más madrugadores-, decidieron organizar la que debía de ser la primera travesía oficial con el nombre de la citada playa, lugar habitual de cita de estos swimmers desde hace años, y que nos han estado deleitando con sus anécdotas y con sus fotos (particularmente la excepcionales imágenes de Mike Dee) cada vez que las veíamos en su página oficial de Facebook.

A este grupo organizador de la Dimensión Paralela se unió Rosario Farucci, del grupo "Errantes del Mar", y que actuó un poco en el papel de líder, o como cara más visible de la organización de la prueba.

Ya a finales de Julio, mi amigo Jose Mi Ca, me avisó que las inscripciones "estaban a puntito" de salir y que no me descuidara porque iba a haber demanda.

Mientras, en las semanas previas, habían ido "calentando el ambiente" con numerosos mensajes en Facebook del tipo "coming soon..." al estilo de los grandes estrenos de Hollywood. 
Y por fin, el martes 7 de Agosto, se abrió la inscripción con un número de plazas muy generoso para una primera convocatoria, nada menos que 350, pero que al final se pudo ver que incluso se habían quedado un poco cortos. 

Y en efecto, unos días antes de la celebración de la Travesía, se publicó la imagen que señalaba que se habían cubierto todas las plazas disponibles. El primer paso -la convocatoria- había sido un éxito. Ahora había que ver si el resto de la prueba si cubría las expectativas.

Pese a que la convocatoria nos citaba para salir a las 9 de la mañana, me presenté bien tempranito -7,30h.-, en el punto de cita a recoger mi dorsal y mi chip (Crono4Sports), siendo previsor, y pensando que quizá habría un poco de desconcierto en la organización, cosa que podría parecer lógica por otra parte, dado que era una primera experiencia y de gran magnitud. Pocas Travesías alcanzan ese nivel de participación, y menos en sus inicios.


Amaneciendo en La Patacona
Pero no, estaba todo bastante bien organizado; aunque a esa hora estaban aún montando algunos de los stands para el avituallamiento y guardarropía, el apartado de los gorros y los chips estaba en perfecto estado de revista. Y la recogida fue muy rápida y muy eficiente.

La entrega de gorros y chips. Con camiseta verde pistacho la gran Eva Calomarde

La Playa de la Patacona pertenece al término municipal de Alboraya, junto a Valencia, si bien el punto de cita estaba a apenas 100 metros del final de la Playa de la Malvarrosa, es decir, prácticamente en Valencia. 
El desplazamiento hasta allí desde donde estaba alojado, en pleno centro de la capital del Turia, fue largo y me costó casi más el taxi que la inscripción en la prueba, por cierto, bastante económica. 

El marcaje y pesaje de la res corrió a cargo de Eva Calomarde

Cuando llegó el momento del marcaje, tuve la grata sorpresa de encontrarme a mi gran amiga Eva Calomarde, a quién le pedí que pusiera, de su puño y letra, el número (78) en mi brazo, cosa que hizo con su sonrisa y buen humor habitual. 



WIME en La Patacona

Una vez "marcado", con el gorro y el chip correspondiente en mi poder, procedía hacer tiempo hasta que se acercara un poco más la hora oficial de llamada a "cámara de salida". 
La noche antes cayó una importante tormenta sobre Valencia, lo que unido a que estamos en otoño, hacía que la temperatura no invitara precisamente a ponerse el bañador y quitarse la camiseta tan pronto...

Yo iba con mi "equipación made in Bilbao", recuerdo de mis recientes visitas a la villa del Nervion, donde mi amigo Germán Zubiaur -gerente de la ropa para swimmer WIME- me había equipado adecuadamente con una sudadera y una espléndida mochila de la Federación Vasca de Natación, que llevo con orgullo a todas las travesías a las que acudo. 
Ni que decir tiene que la sudadera WIME me vino de perlas con el fresquito que corría (apenas 17ºC marcaban los termómetros).
Se estaba mejor dentro que fuera del agua, porque la temperatura del mar estaba sobre los 25ºC.

Los primeros preparativos antes de empezar a calentar
Total, que dado que apenas eran las 8 de la mañana, procedía darse un garbeo por el paseo marítimo de La Patacona, cotillear un poco y empezar a saludar a compañeros y amigos. Mientras, contemplábamos cómo algunos impacientes se ponían ya la vaselina y empezaban a hacer molinos con los brazos, como si estuviéramos a unos minutos del comienzo. Incluso algunos se dirigían ya al agua para calentar.... 
Luego se demostró que tales anticipaciones eran innecesarias e, incluso, contraproducentes. 

Pero, ¿ponen las boyas o qué?

Finalmente, a las 8:45h. llaman a cámara de salida, y empezamos a acercarnos a la orilla. La playa en esa zona tiene una anchura descomunal, de casi 200 metros, por lo que con los nervios, el acceso descalzo hasta el agua se hizo más trabajoso de lo deseado. 

Al parecer, según comentaron más tarde, hubo un problema de última hora con la colocación de las boyas, por lo que a la hora prevista para el bocinazo de salida -9 de la mañana-, aún se veía a la Zodiac de turno colocando las 10 grandes boyas amarillas que marcarían el recorrido.  

Parece que por fin salimos. ¿Tú has oído el silbato....?

Ello propició que la Salida se diera con bastantes minutos de retraso, con lo que, los que habíamos cometido la temeridad de entrar previamente en el agua a calentar un poco y testar el agua, acabamos quedándonos literalmente helados esperando la señal. 


Los desesperaos tomando posiciones nada más salir
Esta circunstancia, unida a la inexistencia de megafonía en la orilla para explicar un poco el recorrido -muy sencillo por otra parte-, hizo que los momentos previos, e incluso la Salida misma, fueran caóticos; hubo un poco de desconcierto, hasta el extremo de que muchos de nosotros nos enteramos de que se había dado la Salida cuando vimos a la gente echar a correr hacia el agua. Este fue uno de los pocos fallos reseñables que le encontré a la organización. Y es muy fácil de subsanar por cierto para próximas ediciones. Esperemos que tomen nota.

Espectacular imagen de Mike Dee con el momento de la Salida
Pero bueno, ya estábamos todos en el agua. La foto superior da idea de lo impresionante que fue la Salida, en una mar muy calmada y con más de 300 nadadores intentando desesperadamente encontrar su hueco y empezar a coger su ritmo. 

El agua estaba templada y bastante limpia para como suele estar en estas latitudes; no obstante, no era precisamente cristalina para mí, sino más bien verdosa; si bien cuando el pelotón se estiró lo suficiente y dejé de estar rodeado de nubes de burbujas, se llegaba a atisbar ligeramente el fondo arenoso ya que, pese a que el circuito era paralelo a la línea de boyas amarillas de balizamiento ordinario de la playa (unos 200 metros de la orilla), la profundidad no era importante. 

Otra imagen espectacular de Mike Dee. Las primeras brazadas en el mar. 
Ni que decir tiene que el giro por la primera de las 10 boyas -que fuimos dejando siempre a la izquierda-, fue una "montonera" de gente dando manotazos, patadas y otras lindezas, circunstancia ésta que me agobia bastante, porque siempre tengo el temor de que de un manotazo me arranquen las gafas o el GARMIN, que me costó una pasta. 

Junto a cada boya había un surfer para marcar el giro
Por lo tanto, a la espera de que el pelotón glorioso se fuera estirando, me abrí todo lo que pude de la estela de nadadores, hasta el extremo de que en un par de ocasiones me avisaron los kayakers de que me estaba yendo excesivamente hacia dentro. 

La consecuencia de todo ello era bastante lógica de deducir: pese a que el circuíto era oficialmente de 3.000 metros, yo acabé nadando 3.330 metros. Pero no me importó porque yo iba allí a disfrutar, y el ir constantemente pendiente de que no me dieran un manotazo o una patada me crea muchísima ansiedad y me estropea el disfrute de la Travesía, que es a lo que realmente iba. 

Con esta marca no iba a Río, desde luego
Quizás si me hubiera ceñido de una forma más estricta al circuito marcado y a la línea de boyas amarillas, hubiera acabado haciendo podio, porque llegué en 5º lugar de mi categoría y la diferencia de tiempo con el 3º fue de apenas 3', más o menos el tiempo que yo empleé en separarme del resto para nadar a mi aire. ¡No se puede tener todo en la vida!

La prueba discurrió de una forma muy tranquila, sin ningún incidente digno de reseñar y sin medusas, aparentemente. Aunque no fue esa la impresión de algún nadador, ya que un par de ellos "tuvieron la suerte" de que alguna medusa despistada les acariciase y hubieran de acercarse a la ambulancia de Cruz Roja. No obstante, fueron picaduras muy leves, nada importante. 

Y finalmente llegué al arco de Meta, bastante bien, sin agobios y acompañado de un importante pelotón de gente que, nada más  dar pie en la arena, empezaron a correr como posesos para pisar la alfombrilla electrónica. Yo, fiel a mi costumbre, salí tranquilamente del agua y entré en Meta a mi ritmo. Algún bromista incluso me jaleó: "corre un poco más, macho! ...."

He de decir que esta estrategia está pensada sobre todo para intentar salir lo mejor posible en la foto finish, ya que si no, sale uno como si lo acabaran de centrifugar a 1000 rpm., y con la cara desencajada por el esfuerzo. Y la foto es, al final, el mejor recuerdo que te queda para el futuro de la Travesía. 


Aunque no lo parezca, soy yo. En persona!
Pero en este caso mi estrategia no tuvo el efecto deseado, porque las fotos salieron a contraluz, con el Sol a nuestras espaldas, por lo que es difícil distinguir las caras de la mayoría de nosotros. Quizá si el fotógrafo hubiese previsto este detalle y utilizado un flash, no se hubiese "desperdiciado" su trabajo, porque en el amplio reportaje que publicaron apenas se distingue alguna cara.
Otro pequeño fallo que habría que subsanar para próximas ediciones. 

Jose Mi Ca se volcó en todo momento en orientarme

Una vez finalizada la prueba, las clasificaciones salieron con una gran rapidez, todo hay que decirlo. Si bien hubo que esperar a las dos horas reglamentadas como tiempo tope para la llegada del último nadador, antes de proceder a la entrega de premios. Porque hubo gente que necesitó las dos horas para acabar, pese a que el mar era una balsa. Pero es que algunos se lo toman con calma....¡Y hacen bien!. 

David Murría, José M. Galera, JR García y José Mi Ca

El avituallamiento resultó muy abundante, tanto en comida, como en agua, cerveza y bebidas isotónicas; tenía como novedad, al menos para mí, de que había unos bocatas de considerables proporciones, algo absolutamente inédito en otras travesías en las que participé, lo cual hizo las delicias de mi amigo José Ramón García -JR García, líder del grupo "¿Quedamos para nadar?", de Jávea (Alicante)-, que no concibe hacer una travesía si luego no se come un bocadillo de tamaño industrial....je,je,je.

El vencedor fue Francisco Hervás, con 39'47" y que le sacó casi 4' al 2º clasificado, Josep Ortega, que hizo 43'24". Ambos pertenecían al C.N.Vila-Swim. El tercer clasificado fue Carlos Cuesta, con un registro de 44'00", y perteneciente al C.N.Neptuno.

En féminas, la vencedora fue Ione Vilar, del C.N.Vila-Real, con 44'03", seguida de María Jareño, con 47'36" y de Nuria Giner, con 49'09". La cuarta en llegar fue mi amiga Esperanza Navarro, con 50'29". Las tres últimas pertenecen al Club Nadópatas Patacona
He de reseñar que la presencia femenina fue escasísima para una prueba de estas características, lo que propició que las marcas de las fueran bastante discretas en general. 

Finalizaron la prueba un total de 295 nadadores, de los 360 inicialmente inscritos. El último que aparece en la clasificación oficial tiene una marca de 1h.59'14". Desconozco si entró alguno más por el arco de Meta después del tiempo reglamentario de corte, las dos horas y, por lo tanto, quedó fuera de la clasificación oficial. 

Foto final de familia del Comité Organizador y los voluntarios.
La entrega de premios -pese a que no se retrasó demasiado una vez cumplidas las dos horas preceptivas para que llegara el último nadador-, resultó algo deslucida, porque muchos de los vencedores se fueron antes de recibir su premio, lo cual hizo que el podio quedara casi desierto en más de una categoría. Una pena.
Esto, sinceramente, me parece una falta de respeto importante por parte de los nadadores hacia la organización, que tanta ilusión pone en el empeño. Porque, ya que tienen la deferencia de darte un premio, lo menos que se puede hacer es recibirlo agradecido y darle lustre y brillo a una ceremonia en la que pusieron mucho interés, contando incluso con la presencia del Concejal de Deportes. 

En definitiva, fue una Travesía muy agradable, bastante bien organizada para ser su primera edición, y a la que auguramos un buen futuro a poco que subsanen esos pequeños fallos que hemos comentado y que obedecen más a inexperiencia que a ineficacia de los organizadores.

Esperamos poder hacer el año próximo la Crónica de la 2ª edición de la Travesía Playa Patacona.

Rosario Farucci  y Borja Selva supervisando la colocación de las boyas
Agradecer a Mike Dee sus fantásticas fotos, algunas de las cuales ilustran esta crónica y a Rosario Farucci y toda la organización su dedicación y entrega en hacer que todo saliera lo mejor posible.

¡Nos vemos en el agua!

José María Galera
OWS Alicante


viernes, 16 de septiembre de 2016

TRAVESÍA DE PLENTZIA 2016


(* Pulsando sobre las fotos, se pueden ver a pantalla completa)


El puente sobre la Ría de Plentzia, visto desde la parte del mar.
El fin de semana del 10/11 de Septiembre estaba marcado a fuego en mi calendario de travesías desde hace bastante tiempo. Fue allá por el mes de Julio, cuando vine a Bilbao a disputar la Travesía de la Sardina que organiza el C.N.Santutzi en la parte baja de la Ría, por su margen izquierda, con final en el bonito puerto pesquero de Santutzi. En aquella ocasión disfruté muchísimo de esa nueva experiencia que era nadar en una Ría, tan diferente a la que tengo de hacerlo de forma habitual en el Mar Mediterráneo, en Alicante. 

Al finalizar aquella Travesía, y mientras comentaba lo que había disfrutado y lo que me gustaría repetirla, mi amigo Germán Zubiaur me indicó que en Septiembre, se disputaba una prueba de parecidas características y gran raigambre en la zona de Bilbao, como era la Travesía de la Ría, al frente de cuya organización estaba Javier Berasategui, una garantía de que iba a ser perfecta en todos sus aspectos. Y decidí que volvería para nadar dicha Travesía, el 11 de Septiembre.


Unas semanas después descubrí por azar que se organizaba por primera vez la Travesía de la Ría de Plentzia, un precioso enclave muy cerca de la capital bilbaína, y que  era el escenario ideal para una prueba realmente bonita. Parecía interesante la posibilidad.

El Club organizador era el C.N.Mungía, y al frente de la misma estuvo Igor López Fano, con una infraestructura realmente modesta, pero desviviéndose en todo momento por cubrir las pequeñas carencias que fueron apareciendo y que eran las lógicas de una prueba que ellos organizaban por primera vez. 

La fecha prevista era el 10 de septiembre, es decir la víspera de la Travesía de la Ría de Bilbao, a la que ya tenía confirmada mi asistencia. Por su longitud (3.000 metros), ambas pruebas eran perfectamente compatibles en dos días sucesivos. O sea, que no me lo pensé dos veces y me inscribí.


Aunque la distancia desde Bilbao, donde estaba alojado, hasta Plentzia es considerable, contaba con la inestimable ayuda del Metro bilbaíno, cuya última estación de la Línea 1 está justo en esta localidad, a escasos 200 metros de la línea de Salida. O sea, que más facilidades no podía tener para participar. Por otra parte, me gusta colaborar con este tipo de pruebas que empiezan, para apoyarlas en lo máximo posible a salir adelante y a consolidarse. Máxime si el entorno era tan bonito como la Ría de Plentzia.


Cuando se llega, es inevitable no quedar maravillado por la elegancia del puente que cruza la Ría, de un único arco, sin ningún apoyo intermedio y que va a desembocar justo a la explanada donde la organización, repito, muy modesta, había instalado las mesas para el reparto de gorros, y el marcaje de los dorsales, ya que no hubo chip electrónico para señalar los tiempos. 

También nos entregaron un "niki" con el anagrama de la prueba, existiendo la opción de no retirarlo y que la organización donara el valor del mismo al grupo de Salvamento Marítimo, que tenía instalado un stand en la misma explanada. Yo prefería quedarme el niki -un buen recuerdo de la prueba- y hacer una donativo monetario a los chicos de Salvamento.

Preparativos del montaje del arco de Meta y las boyas
La participación fue importante, si tenemos en cuenta que en ese fin de semana se disputaban varias travesías en el entorno y que, al ser la primera vez que se celebraba, era aún conocida por muy poca gente. En total fuimos 224 los nadadores que participamos, divididos en tres pruebas de diferentes longitudes, cuyos recorridos podéis ver en el gráfico de más abajo. 

Los tres recorridos posibles en la Ría

La más sencilla de las pruebas, enfocada más a los chavales jovencitos, era de 800 metros, y tuvo una participación de 19 nadadores, entre niños y niñas.

También hubo una de 1.500 metros, que contó con la participación de 96 nadadores. 

Y la "prueba reina" tenía un recorrido teórico de 3.000 metros , si bien en mi GARMIN salieron 3.400 metros, una diferencia lógica de no ir en línea recta en una Ría que tiene varios meandros (ver el gráfico de la imagen adjunta); en esta última prueba participamos 109 nadadores. 

El neopreno estaba permitido, si bien los nadadores que lo utilizaran no tenían opción de subir al podio, aunque su nombre sí que salía en la clasificación. Para mi sorpresa, hubo abundancia de neoprenos, circunstancia ésta llamativa, porque el agua estaba fresquita -unos 20ºC para mí, aunque he leído por ahí que estaba a 18ºC-, pero muy agradable para nadar.

La salida de la prueba de 800 metros

En primer lugar se nadó la de 3.000 metros, seguidas con intervalos de 5 minutos por las de 1.500 y 800 metros; los participantes llevábamos gorros de diferentes colores en función del tipo de prueba que nadábamos, por lo que no había posibilidad de confusión en la  llegada a Meta. 

La salida en todas ellas se dio desde el agua, justo debajo del puente que une ambas márgenes de la Ría, y situándonos entre las dos boyas gigantes que se ven en la foto adjunta. 

Dado que no había chip electrónico, tanto la señal de salida como la medición de los tiempos se hizo de una forma algo artesanal, lo que en la Meta dio lugar a algún que otro error y malentendido. Quizá éste sea uno de los primeros aspectos a mejorar para futuras ediciones de la Travesía.

Entrada al agua. Yo, de espaldas, abajo

Sobre las 11:30h. nos llamaron para que fuéramos entrando al agua a los participantes de la prueba de 3.000 metros, bajando por la rampa de piedra, ya que la salida se haría desde el mismo punto de las anteriores, bajo el puente y entre las boyas gigantes. 

Yo estuve tentado a llevarme el neopreno desde Alicante para nadarla, pero, dado que al día siguiente debía hacer la de la Ría de Bilbao, ésta sí obligatoriamente "a pelo", pues decidí llevarme cuanto antes "la impresión" del agua fría. 

Pero lo cierto es que he de confesar que la temperatura de la Ría, superados los primeros 20 segundos, era bastante agradable y permitía que se entrara rápidamente en calor. Aparte, el día de Sol era realmente espectacular y no había peligro de medusas. ¡Vamos a disfrutar, pues!

Una vez dieron el bocinazo de salida empezamos a nadar hacia la primera boya grande, tratando de evitar las numerosas barquitos ancladas en el centro de la Ría y que nos íbamos encontrado en los primeros 200 metros de recorrido. Rápidamente, el grupo se fue estirando, circunstancia favorecida por el reducido número de nadadores y por la amplitud de la Ría. 

Las boyas que marcaban los hitos eran muy grandes, pero estaban tan espaciadas que era difícil distinguir la siguiente cuando se traspasaba cada una de ellas. Quizá para próximas ediciones se podría añadir alguna boya intermedia más, de menor tamaño, que fuera indicando la ruta de forma más fehaciente, y que impidiera que, como me ocurrió en varias ocasiones, estuviera a punto de chocar de frente con los que ya regresaban en sentido contrario, por las pronunciadas S que fuimos haciendo para evitar los numerosos bancos de arena existentes en el recorrido. 

La Ría desde el punto de Salida, mientras iban colocando las boyas azules (izquierda)
Como suele ocurrir en estas travesías en Rías del Cantábrico, se tratan de organizar a una hora en que las corrientes de Pleamar y Bajamar influyan lo menos posible en el desarrollo de la prueba. Pero la "corriente cero" no existe. En efecto, en mi caso, tardé 5 minutos menos en bajar que en subir la Ría porque había una pequeña corriente de bajamar, casi imperceptible. 

El recorrido es bellísimo, casi todo salvaje, sin apenas construcciones, con un agua cristalina que permitía en todo momento ir viendo el fondo arenoso de la Ría, y también los numerosos bancos de arena, que algunos no pudieron sortear a tiempo, lo que les obligó a hacer algún trozo del trayecto andando sobre la arena...

Una marca aceptable, aunque esperaba algo mejor
Y finalmente, después de disfrutarla muchísimo, llegó el momento de entrar por debajo del arco de Meta, donde mi cronómetro marcaba 1h.04', un tiempo nada espectacular, pero muy en mi línea de entrenamiento habitual. 

He de decir que esperaba mejor resultado final, pero todas estas "aventuras" en aguas dulces, tan ajenas a mi medio natural de entrenamiento en las aguas saladas del mar Mediterráneo, hacen que la lógica dificultad de adaptación a la novedad, confluyan para  que los resultados obtenidos no sean tan brillantes como los esperados. Confío en que, conforme le vaya cogiendo el punto a estas aguas, poder presumir de mejores cronos.  Aunque no soy competitivo, siempre es motivador comprobar que el esfuerzo realizado se traduce en una buena marca. 

El vencedor de la prueba larga fue Xavier Gordoa, con un crono de 39´39", seguido por Germán Zubiaur con 40´56" y Jokin Olabarrieta con 40´59"; estos dos últimos pertenecientes al C.N.Getxo

El terceto vencedor: Jokin Olabarrieta, Xavier Gordoa y Germán Zubiaur

He de decir que los nadadores getxotarras tuvieron una importante actuación en la prueba, ya que otros dos de sus miembros, Zigor Díaz (41'03") y Beñat Elorriaga (41'52") ocuparon respectivamente el 4º y el 7º puesto de la clasificación, siendo el C.N.Getxo el más destacado en conjunto de la Travesía. Estos brillantes resultados no hicieron más que anticipar la que sería una brillantísima actuación al día siguiente, en la Travesía de la Ría de Bilbao, donde coparon también varios puestos de cabeza y fueron distinguidos con el premio al mejor Club.

Mi buen amigo, Toño Sánchez

Quiero hacer un inciso para nombrar a mi buen amigo Toño Sánchez, que hizo un espléndido crono en 50'20", y con quien volví a coincidir de nuevo al día siguiente nadando en la Ría de Bilbao. Fue un placer y una gran alegría poder saludarlo en ambas pruebas, y espero poder hacerlo en futuras travesías en las que volvamos a coincidir. 

En féminas, la vencedora fue Laura Fernández, con un crono de 41´52", seguida por Itziar Tardáguila, con 45´30". Itziar también pertenece al C.N.Getxo, y tuvo una actuación destacada asimismo en la Ría de Bilbao, consiguiendo hacer podio de nuevo. Estos son las marcas de la Clasificación Oficial. No obstante, hubo un pequeño fallo en la toma de tiempos y entró Itziar en primer lugar,  es decir, que fue ella la vencedora, si bien desconozco su marca real. 

El nadador de Eibar, Mikel Basterrica

La prueba de 1.500 metros la ganó Harri Baraibar, con 25´42", seguido de mi buen amigo de Eibar, Mikel Basterrica con 26´16", que no se pudo quedar a la entrega de trofeos, cerrando la terna de triunfadores Mikel Leonardo, con 28'11".

El trio vencedor de 800 metros

La entrega de los trofeos de 800 metros también fue muy simpática, con tres  sonrientes chavales que prometen darnos grandes alegrías en el futuro con sus más que seguras hazañas. 

El vencedor de la prueba de 800 metros vestía una camiseta de WIME, emblemática enseña muy conocida en toda la cornisa cantábrica, y cuyo propietario es Germán Zubiaur -el segundo clasificado en la prueba larga-, y que que comparte su faceta de empresario con su pasión por la natación -tanto en aguas abiertas, como en piscina-, donde consigue hacer podio con frecuencia. 

WIME fue uno de los patrocinadores de la Travesía de Plentzia y colocó  también un stand en la explanada de la prueba, junto al instalado por Salvamento Marítimo. Ambos fueron muy visitados por el público asistente al evento. 

Con Paco Zubiaur
También tuve ocasión de compartir un buen rato de charlas y risas con Paco Zubiaur, un gran amigo bilbaíno, y uno de los "culpables" de que yo vuelva una y otra vez por esta tierra a nadar, porque me acogen siempre como uno más de la familia. Vaya desde aquí mi agradecimiento a su apoyo constante y a su cariño permanente. 

La entrega de trofeos y obsequios que se alargó más de lo deseable, ya que al no utilizar métodos informáticos para la medición de tiempos, y tener que hacerlo todo de forma manual, los nervios y las prisas jugaron una mala pasada a la organización, incluyendo algún pequeño error en las mediciones de los tiempos, que fue solucionado con la buena voluntad que pusieron en todo momento para que la cosa funcionase lo mejor posible. 

José María Galera y Germán Zubiaur

En definitiva, una preciosa travesía, con un marco de incomparable belleza, que está empezando y que, consecuentemente, debe de ir aprendiendo a perfilar mejor los pequeños inconvenientes que vayan apareciendo y que, en la mayoría de los casos, fueron más fruto de la inexperiencia de los organizadores, que de ineptitud.

Seguro que lo van a conseguir.

Yo, por mi parte, prometo volver el año que viene a disfrutar de esta maravillosa Ría de Plentzia y de los numerosos amigos que me acompañan nadando. Y hacer todo lo posible por publicitarla para que sea cada vez más y más grande y mejor. 

No quiero acabar sin agradecer a Igor López todas sus atenciones conmigo, y animarlos a él y al C.N.Mungía a que continúen organizando esta preciosa travesía que tanto hemos disfrutado los que en ella participamos. 

La Ria de Plentzia, vista desde el puente hacia el mar

Espero que os haya gustado

¡Nos vemos en el agua!

José María Galera
OWS Alicante