miércoles, 18 de noviembre de 2015

VUELTA A TABARCA - FINAL TEMPORADA 2015

(Pulsando en cada foto, se puede ver a pantalla completa)


Se acercaba el final de la temporada OWS y había que hacer algo, algo gordo, algo sonado, alguna acción en el mar que nos dejara a todos buen sabor de boca, como el "tocino de cielo" que se toma uno después de una buena comida...



Y Rafael Aledo, gerente de Natura Esport (Elche), pensó que darle la vuelta a nuestra querida Isla de Tabarca sería un buen fin de fiesta, algo que nos iba a dejar a todos un imborrable recuerdo. Y no se equivocó. Es más, acertó plenamente.


De hecho, no era la primera vez que se organizaba un evento semejante para finalizar la temporada OWS pero, en anteriores ocasiones, la cosa fue algo más modesta, más "para los de casa". Pero este año, lo que comenzó siendo una "quedada familiar para los de casa", fue corriendo como la pólvora, de boca en boca y, dado el reconocido prestigio de Rafa organizando este tipo de eventos, pronto se convirtió en una gran quedada, para acabar resultando un acontecimiento que reunió a casi 200 nadadores OWS venidos de toda España, y dispuestos a pasar un gran día.

Una muestra de la amplitud de la convocatoria fue que vinieron nadadores de varios puntos de la Península a participar en la quedada. Desde Madrid, desde Barcelona, desde Cádiz y, sobre todo, un numerosísimo grupo de Nadópatas Patacona, (Valencia) con Quique Ventura y el gran Mike Dee, que hizo un vídeo precioso de la jornada, que podéis ver en su página de Facebook.

Las Tabarkeras, listas para llevarnos a la Isla, desde el Puerto de Santa Pola
La convocatoria era para el 15 de noviembre, a las 8 de la mañana, en el Puerto de Santa Pola. Allí cogeríamos una "tabaquera" -el popular barco que nos llevaría a todos hasta la Isla-, donde nos esperaba ya parte del equipo de Natura Sport, que había preferido irse la tarde antes para hacer noche en Tabarca y disfrutar de la plácida tranquilidad que ofrece en esta época la Isla a sus residentes habituales. La expedición de la tabaquera la encabezaba Chema Jareño, siempre pendiente de todos los detalles.

Y hasta allí llegamos, en pelotón glorioso, al pequeño puerto de Tabarca, en cuyo espigón se daría la salida de la travesía, y donde nos esperaba el resto del equipo, ya preparados con sus neoprenos bien ajustados.

La mañana amaneció magnífica. Un pelín más ventosa de lo que los pronósticos de Windguru anunciaban previamente. Un molesto viento del Sur -no demasiado fuerte- presagiaba que la nadada en la parte final -justo después de la playa y antes de llegar de nuevo al puerto- no iba a ser todo lo placentera que hubiéramos querido. 

Los preparativos y las fotos previas....
Una vez llegados al puerto, risas, saludos, preparaciones, gorros, gafas,  escarpines, vaselinas (que no falten, ¡por Dios!), aletas (algunos), boyas (la mayoría),... en fin, toda la parafernalia y todo el ritual que los nadadores OWS hacemos en esta nuestra particular liturgia que es nadar regularmente en el mar. 

Y una vez que estábamos todos preparados, o casi preparados, Rafa da la orden: "vamos todos para la orilla". Y allí que nos encaminamos, en batallón glorioso, casi 200 nadadores con neopreno -menos una docena de valientes que la hicieron a pelo- hasta llegar al lateral del espigón.

Los pingüinos jóvenes bajando hacia el mar, dando saltitos
Y ahí tuvo lugar una de las anécdotas simpáticas de la jornada. Resulta que el camino de acceso hasta la orilla está plagada de piedrecitas puntiagudas y además en acusada pendiente, lo que hizo que la bajada del grueso de los nadadores al agua se pareciera a esos reportajes de National Geographic, donde un gran grupo de pingüinos -que es lo que parecíamos nosotros con los neoprenos- van dando ridículos saltitos hasta llegar al agua... 

Los Pingüinos veteranos, observando la jugada...
Y mientras los pingüinos jóvenes bajaban acelerados y nerviosos, dando saltitos hacia la orilla, los pingüinos más adultos (Rafa Aledo, Clara, Mónica, José Luis Larrosa y yo mismo) observábamos la maniobra desde arriba, esperando ver donde se daban el "mamporro" los jovencitos, para intentar no repetir sus errores. La veteranía siempre es un grado...


Desde su atalaya, en todo lo alto del espigón, Rafa dio las últimas instrucciones: nos íbamos a repartir en tres grupos, en función de nuestro nivel natatorio. Un primer grupo, los pro, comandados por "el Boss", José Luis Larrosa, que irían a una velocidad aprox. de 4km/h. Curiosamente, fue el grupo menos numeroso. Supongo que el hecho de que fuera José Luis el jefe de equipo le impuso respeto a mucha gente, y prefirieron no arriesgar antes que hacer el ridículo y quedar descolgado del grupo de amo indiscutible de las aguas abiertas en esta zona.

Los líderes: José Luis Larrosa y Mónica Sansano
El segundo grupo iría comandado por Mónica Sansano, otra super nadadora de Natura Sport, que fue la encargada de liderar un importante pelotón, y que tenía previsto nadar a una velocidad aproximada de 3,5km./h. Este grupo salió un par de minutos después del que encabezaba José Luis.

Y por último, el tercer grupo, liderado por Clara, la mujer de Rafa Aledo, y que incluía a todos los que nadábamos a 3km./h., o menos. En la práctica éste fue el grupo más numeroso; no tanto por el nivel de los participantes, porque había una importante representación de "figuras", sino porque estaba formado por los "disfrutones", los que íbamos a pasarlo en grande, a pararnos cada dos por tres y a hacer mil fotos. Vamos, que era el grupo "del postureo". Es fácil adivinar que en este grupo iba un servidor.

La "divertida" costa de la Isla de Tabarca, con todos su bajíos...
Y, una vez en el agua, ante nosotros teníamos toda la costa de la Isla de Tabarca, unos 5km. aproximadamente. Esta Isla, que aparece tan bonita en todas las fotos aéreas, con esos fondos tan maravillosos y donde todo nadador OWS que se precie quiere nadar alguna vez en su vida tiene, en realidad, una jodienda de costa. Sí, porque tiene muchísimos bajíos y, dado que no nos podíamos alejar más de 50 metros de la orilla, había numerosos puntos en los que acababas quedando encallado por falta de profundidad, con lo que la natación se convierte en un permanente zig zag entre no encallar y no alejarte, no alejarte y no encallar....vamos, una jodienda.


Pero los fondos son tan maravillosos, el agua tan cristalina, que la natación sin prisas se convierte en una auténtico placer, no sólo para la vista, sino para todos los sentidos. Y, además, pese a lo avanzado del otoño, el agua no estaba para nada fría, a unos 19ºC aprox. Total, que íbamos disfrutando a placer.


El grupo de los "disfrutones". Yo, al final, con boya amarilla...
Pronto, el tercer grupo se deshizo en media docena de "micro grupos" formados por 10/15 nadadores, y que íbamos a diferentes ritmos. Por supuesto, el micro grupo que cerraba la comitiva estaba formado por nuestro querido Eduardo Osorio -un micro grupo en sí mismo- y su kayaker particular, Héctor Menchén, que le fue acompañando y fotografiando durante un buen trayecto e incluso le sacó de algún pequeño apuro con unas rozaduras que le producía el neopreno, ya que sus prisas por meterse en el mar, hicieron que se olvidara de ponerse vaselina en el cuello... 

Cada mil metros aproximadamente se hacía una pequeña parada para reagrupar el equipo y seguir hacia el siguiente hito. 

Parada para repostar... y para el "postureo"
Cuando llevábamos unos 3.000 metros nadados aprox., rebasamos un pequeño grupete de  islitas en una zona donde los bajíos eran especialmente importantes, hasta el extremo de que se hacía perfectamente pie, pese a estar a relativa distancia de la costa. Y allí se aprovechó para hacer una parada más importante, tomar cada uno el avituallamiento que llevaba encima -en mi caso, unos geles- y hacer unas risas a la vez que los afortunados que llevaban cámara go-pro aprovechaban para inmortalizar el momento. Era el momento  "del postureo"...

Una vez finalizadas todas estas frivolités, se comenzó de nuevo a nadar. Y allí el mar se empezó a complicar. El molesto viento del Sur que dio sus primeras señales de vida cuando íbamos en el barco camino de la Isla, empezó a hacerse notar. Y el mar a darse por aludido. En esta zona el viento era frontalmente de contra, por lo que avanzar se volvía en algo muy dificultoso, al ir nadando totalmente contracorriente, con lo molesta que resulta la sensación de que no avanzas por mucho que bracees.

Y en ese momento, y después de unos minutos de "reflexión" conmigo mismo, decidí dejarlo estar y salirme del agua. Estaba en un punto que, o me salía en ese momento por estar frente a la playa, o tendría que dar la vuelta completa a la zona de acantilados, donde es imposible salirse por lo abrupto de la costa. Y decidí que yo ya había disfrutado lo suficiente, y que no me apetecía llegar a la Meta exhausto después de haber nadado el trozo final tragando agua y enfrentado a la corriente. Curiosamente comprobé que, pese a que no le comuniqué a nadie mi decisión, en cuanto hice amago de salirme, un grupo no pequeño de gente decidió hacer lo mismo y acabamos saliendo por la playa un grupete de nadadores, los menos sufridores. Acabé siendo el líder de los más "disfrutones" :-)

José Luis Larrosa, comandando a los Pro. Ana Terencio y yo, en segundo plano
 La casualidad quiso que casi simultáneamente a mi llegada a la zona de la playa, lo hiciera el grupo de pros, comandado por José Luis Larrosa, pero en la parte opuesta, es decir, en la Meta real de la prueba. Lo cual dio lugar a esta curiosa foto que veis más arriba. Bueno, por una vez en la vida, puedo presumir de llegar al punto de partida al mismo tiempo que mi gran amigo José Luis, aunque yo lo hiciera "tomando un atajo"...je,je,je.

Poco a poco fueron llegando todos los demás nadadores -incluído Eduardo Osorio y su kayaker-, y vino el momento de las risas, los abrazos, las palmaditas y la fotos. ¡Ah, las fotos! ¡Qué sería de estas quedadas sin las fotos!, sin la constancia gráfica de lo bien que lo pasamos y de lo que nos divertimos en el agua... 

Con María Palacio, Javi Bernabeu, Eva y Gus, de Arena Alicante
Y, después de desembarazarnos de los neoprenos, gorros, gafas, aletas, boyas, escarpines y demás aditamentos,  y de hacernos mil y una fotos, en grupo, en solitario, con otro grupo, de conjunto, con el mar de fondo, con el castillo detrás..., llegó el momento de almorzar. O más bien de intentar almorzar. Porque allí empezó la auténtica odisea de la mañana.


Con Pascual Illán, Clara, José Luis Larrosa, Nando Her Bel y Javi Valero, de Natura Sport Elche


Resulta que los chiringuitos de Tabarca, que en invierno están cerrados en su mayoría por temporada baja, y pese a que estaban advertidos de nuestra llegada, una vez más, no estaban preparados, en absoluto, para aquella avalancha -relativa- de gente; y el intentar tomar algo sólido se convirtió en una tarea titánica, dado que las barras de los chiringuitos más parecían el camarote de los Hermanos Marx que un bar en condiciones. Al final, desesperado por la necesidad, me tomé un par de plátanos que llevaba en la mochila, y un Aquarius que conseguí que me sirvieran después de implorarlo durante veinte minutos a una ¿camarera? que siempre me decía que sí, pero nunca me lo daba...

Un servidor entre dos líderes, José Luis y Clara.
Y finalmente, una vez descansados, entrados en calor y almorzados (los más afortunados) nos dirigimos a la tabaquera, para retomar el camino de vuelta a casa.

Como no podía ser menos, el retorno en el barco, con una temperatura increíble para estar en Noviembre, estuvo teñido de una gran nostalgia, mientras veíamos alejarse nuestra amada Tabarca, esa Isla de Tabarca en cuyas aguas tan buenos ratos pasamos nadando y que tan buenos recuerdos nos traen siempre a la cabeza. 

Y también estábamos un poco tristes por los compañeros que no habían podido venir por sus ocupaciones; Cristina Tercero, mi gran amiga y compañera de quedadas; y el gran Juan Pedro Quesada, Juanpe, nuestro "meteorólogo de bolsillo". La próxima vez no pueden faltar. Entonces la felicidad sí será completa.

Y ya estamos deseando repetir, deseando que llegue de nuevo la primavera, para poder repetir buenos momentos, compartir experiencias y atesorar recuerdos que nos acompañarán mientras vivamos, a los que tanto amamos la natación OWS.

El retorno a casa. Martin, Raquel, Eduardo Osorio y yo

Espero que os haya gustado

Nos vemos en el agua!

José María Galera
OWS Alicante



sábado, 19 de septiembre de 2015

TRAVESÍA TAMARIT 2015

Amanece en Playa Arenales del Sol 

(* Pulsando en las fotos, se ven a pantalla completa)

Este año 2015 hemos estrenado Travesía, al menos yo, una más de la larguísima lista de pruebas que se disputan a lo largo de estas costas durante el verano y que hace materialmente imposible asistir a todas, tal ha sido la proliferación de pruebas en apenas unos pocos años.

En realidad fueron dos Travesías, de 2.500 y 5.000 metros, lo cual, unido a un Cross de 6km. por la orilla de la playa, reunieron a un nutrido grupo de deportistas solidarios, convocados por la Asociación Tamarit, en la Playa de Arenales del Sol (Elche). Fue una agradable y "casi familiar" reunión deportiva - ya que casi todos nos conocíamos de alguna manera- en pos de una buena causa benéfica.


El mar, calmado y tranquilo al amanecer
La convocatoria era para el día 13 de septiembre,  y fue tempranera a más no poder, teniendo en cuenta que, a estas alturas del verano, ya no amanece tan temprano. 

Y allí estábamos todos, apenas las 7 de la mañana, con un poco de fresquete aún, e intentando divisar entre la bruma cómo iba a ser la jornada, después de varias semanas con muy mala mar y con muchísimas dificultades para entrenar, precisamente por esa mala mar y también por la abundancia de medusas...

Y el mar, en apariencia, no podía estar mejor. Calmado, tranquilo y con las aguas bastante transparentes, a decir de algunos adelantados y nerviosos que se metieron a calentar antes del momento de la salida. 

Los preparativos y la entrega de gorros a la salida
El control de salida era muy sencillo, ya que la prueba no tiene -al menos en estas primeras ediciones- grandes pretensiones. No había chip, ni tampoco reloj oficial, si bien nos entregaron un gorro muy chulo (naranja para la prueba larga, amarillo para la corta) y una camiseta conmemorativa del evento.


Recorrido de la prueba de 5.000 metros

Y el recorrido también era sencillo, en el sentido de que no tenía grandes complicaciones de boyas formando circuitos extraños, sino un recorrido lineal desde el punto de salida hasta la torre de salvamento de El Altet (en el caso del recorrido largo) y desde el punto de salida hasta el último edificio de la Playa de Arenales en el caso del circuito corto. 

En ambos casos, los circuítos resultaron ser a la postre más largos de lo que se indicó, resultando el corto de unos 3.400 metros y el largo de 5.300 (o al menos eso es lo que marcó mi GARMIN)



Entre bromas y veras, unos entraban a calentar, otros salían diciendo "no he visto ninguna medusa".... ya digo que la prueba tenía un marcado carácter familiar, aunque con una organización técnica impecable, como corresponde a las pruebas en las que colabora Rafael Aledo, de Natura Sport, que no suele dejar nada al azar, dada su larga experiencia técnica en este tipo de eventos deportivos. 


Y llegó la hora de la verdad para la prueba de 5.000. A través de megafonía nos convocan, nos dan el "listos", la cuenta atrás de rigor.....y ¡al agua patos!. 

Unos quince minutos después se dio la salida de la prueba de 2.500 metros lo cual propició que al final casi coincidiéramos llegando a meta mezclados muchos de los participantes de ambas pruebas, dado que los circuitos se superponían.

Las sensaciones de inicio no fueron muy buenas para mí, porque entré en el agua muy tenso, y con un poco de ansiedad también. Resulta que hace apenas una semana me picó una medusa -una hermosa Rhizostoma- o, mejor dicho, me abrazó con todos sus tentáculos, rodeándome toda la cara, precisamente en esa misma playa y, ¡oh casualidad!, justo a la altura del punto desde donde se dio la salida de la prueba... Y, aunque uno intenta hacerse el fuerte y se dice para sus adentros aquello de "sólo fue una mala suerte", lo cierto es que el subconsciente a veces es muy difícil de convencer y te juega malas pasadas por mucho que le transmitas mensajes de buen rollito... je,je,je.


Afortunadamente, ese "mal rollo", que me duró unos cuantos metros, acabó disipándose poco a poco, ante el inigualable placer de nadar en ese cristalino mar que ese día nos concedió el privilegio de estar como una balsa. Y digo privilegio porque realmente la segunda quincena de agosto y la primera de septiembre están siendo inusualmente malas en cuanto a condiciones de la mar, después de haber tenido una primera parte de verano de auténtica calma chicha día tras día y con ausencia total de medusas, lo cual nos había hecho creer -ilusos de nosotros- que todo el verano iba a ser igual...

El recorrido de ida se hizo algo pesado, al menos para mí. Una vez que se acabaron las construcciones de la orilla de Arenales, entras en la zona que es reserva natural, sin ninguna construcción y con una playa lineal y monótona que hace que se pierda totalmente la referencia de en qué punto de la Travesía se encuentra uno. La visión de alguna medusa de vez en cuando te recordaba que no nadabas en una piscina, sino en mar abierto.... Afortunadamente, esta vez salí indemne de la aventura; no así algunos compañeros que se llevaron algún recuerdo grabado a fuego en su piel.


Una vez alcanzada la boya que había delante de la torre vigía de la playa de El Altet tocaba regresar. Entre lo largo del recorrido, que la participación no era numerosa y que yo no soy precisamente José Luis Larrosa, lo cierto es que nadé la mayor parte del tiempo solo, si exceptuamos la compañía de un kayak, a cuyo kayaker le debí de caer simpático -o me debió de ver muy mal-, porque fue una gran parte de la Travesía a mi lado haciéndome compañía y animándome constantemente. Tan sólo supe que se llamaba "Pepe" y desde aquí le quiero dar las gracias de todo corazón por su apoyo y su constancia siempre a mi lado.

Lo cierto es que el regreso se hizo mucho más llevadero que la ida. Entre el apoyo constante de "Pepe" y el hecho de que enseguida empecé a reconocer los edificios de la orilla de Arenales -donde he nadado docenas de veces-, enseguida empecé a hacer mi particular cuenta atrás: El edificio Gran Bahía, el viejo Hotel, el Rincón de Santi, el edificio Las Palmeras......ya, ya casi llego.

La prueba fehaciente de mi tiempo real

Y por fin, el arco de Meta. Recordé que al entrar al agua, en esa zona de la playa, había unas cuantas rocas, por lo que fui con sumo cuidado de no dejar de bracear antes de tiempo y pisar las rocas, no vayamos a fastidiarla al final.... Y salí del agua, feliz como una perdiz aunque con la sensación de que podría haber hecho mejor marca; pero entre la tensión del inicio por el pánico medusil, y el hecho de nadar solo toda la Travesía, me hicieron perder referencias y quizá relajarme más de la cuenta. Pero no me quejo. Y además  estaba contento, después del fiasco de las Travesías fallidas de Benidorm y El Albir, a las que al final no me decidí a ir, ante los malos pronósticos previos que había del estado de la mar.

Junto a José Luis Larrosa
Y nada más salir del agua tuve la sorpresa y la alegría de que mi gran amigo José Luis Larrosa se acercó hasta la orilla a felicitarme y a darme un abrazo, un gran detalle de un campeón como él, tanto en lo deportivo, como en  lo humano. 



Vicente Gómez, José Luis Larrosa y Raúl Pérez
Los vencedores masculinos de la prueba larga fueron tres buenos amigos: José Luis Larrosa (1h.05´), seguido por otros dos campeones que entraron casi al alimón: Vicente Gómez Berasaluze (1h.19´) y Raúl Pérez (1h.19´), separados ambos por apenas un segundo. 



En el apartado femenino, la vencedora fue Esther Rico (1h.30'), seguida de mi gran amiga Raquel Zamora (1h.41').

En la prueba corta el vencedor fue Alejo Vera (54') seguido del gran José Pedro T Garri (56') finalmente recuperado de todas sus lesiones invernales.

Clara Aledo, Cristina Tercero y Gema Anguera


Entre las féminas, la vencedora fue Cristina Tercero (1h.00´) que hace con éste su segundo podio en el verano, seguida de Clara Aledo (1h.05´), a la sazón hija de Rafael Aledo, que tuvo la inmensa satisfacción de entregar personalmente a su hija el trofeo. En la foto, y con short rosa, se puede ver a Clara, la orgullosa madre de la criatura. El tercer puesto fue para Gema Anguera, del Arena Alicante, que entro apenas un minuto después de Clara Aledo. Un trío de campeonas que hicieron la Travesía prácticamente juntas.

José Luis Larrosa, Cristina Tercero, Pedro Garri y Rafael Aledo



Y a continuación vinieron las consabidas fotos de amigos y conocidos, como ésta de tres de los ganadores de las Travesías, junto con el Director Técnico de las mismas, Rafael Aledo, de Natura Sport (Elche)




Gema Anguera, Cristina Tercero, Eduardo Osorio y José María Galera

También se procedió a la entrega de los premios del Cross de los mayores, así como a un divertido Cross infantil por la orilla, en el cual los pequeños se divirtieron de lo lindo. 

Una vez finalizadas las entregas, y después de un pequeño sorteo de regalos donados por los diversos patrocinadores de la prueba, se fue disolviendo la reunión, pese a que el día invitaba a quedarse en la playa un rato más.


Espero que os haya gustado

¡Nos vemos en el agua!

José María Galera
OWS Alicante

viernes, 21 de agosto de 2015

TRAVESÍA PIRATA A LA ISLA DE TABARCA

El día de la medusa....

Llevaba Rafael Aledo -gerente de Natura Esport (Elche)- varias semanas anunciándonos el evento, pero sin concretar la fecha, con la excusa de que estaba "esperando los permisos", con lo cual cada vez que nos sacaba el tema, nos ponía más "la miel en los labios".

Asimismo, nos ofrecía varias alternativas de recorrido a priori: que si desde Santa Pola del Este a Isla Tabarca y vuelta a la Isla, que si sólo vuelta a la Isla; ansiedad, y muchas ganas de hacerla, eso es lo que provocaban en mí sus propuestas...

El Puerto de Tabarca, con la Iglesia al fondo
Finalmente, la fecha escogida fue el 17 de Agosto, en que el pronóstico del tiempo anunciaba buena mar y, además, teníamos el Ok de Juan Pedro Quesada -Juanpe-, el meteorólogo oficial Salidas al Mar, que era el Grupo  organizador de la quedada.

Mapa topográfico de la Isla de Tabarca

El recorrido que finalmente se decidió sería el de dar una vuelta completa a la Isla de Tabarca (o Nueva Tabarca, que  fue su nombre inicial en época de Carlos III, cuando se estableció la primera población estable en la Isla), con una distancia aproximada de 4,5km.


Al parecer, la posibilidad de hacer la Travesía Pirata desde Santa Pola del Este hasta la Isla requería una serie de permisos y tenía una serie de condicionantes técnicos y humanos que complicaban  mucho la quedada, y se optó por hacer algo más asequible, en previsión de posibles complicaciones que la pudieran abortar a última hora. 

Puerto de Santa Pola. El barco-taxi que nos llevó, en primer plano
Y nos citaron a todos los integrantes de Salidas al Mar, así como a los amigos que quisiéramos invitar, a las 8 de la mañana del lunes 17 de Agosto en el Puerto de Santa Pola, en el punto desde el cual parten las "Tabarqueras", llamadas así porque hacen exclusivamente su ruta hacia la Isla de Tabarca.

Allí que fuimos llegando todos los asistentes, unos más puntuales que otros, hasta reunirnos un buen grupete de nadópatas, a la espera de que Rafa diera la orden de partir. Tuvimos que coger una barco-taxi, ya que los barcos oficiales hasta Tabarca -las tabaqueras-, parten bastante más tarde, y no era conveniente retrasar más la salida antes de que se levantara el mar, que estaba como un plato en esos momentos....

Foto de familia de los nadadores de "Salidas al mar" antes de partir hacia Isla Tabarca
Finalmente, a las 8,30h., Rafa dio la orden de embarcar y partir hacia la isla, cuando el Sol estaba ya más que apuntado por el horizonte... ¡la aventura nos esperaba!

El billete de la Tabarquera, recuerdo de un día inolvidable
Yo estaba muy nervioso, por lo que -para mí- era una aventura. La Isla de Tabarca es un destino mítico para cualquier nadador OWS, un mito quizá acrecentado por el hecho de que la Travesía Tabarca-Santa Pola -que este año ha cumplido su XX edición- es una prueba absolutamente imprescindible dentro del calendario de natación de cualquier swimmer que se precie, por su belleza, por su excelente organización y, sobre todo, por la tremenda dificultad de poder participar. 

En efecto, cada año la Organización recibe una avalancha de solicitudes para participar. Sirva como referente que, en la edición de 2015, recibieron 3.800 solicitudes para poco más de 1.000 plazas disponibles. Al final los agraciados participantes son elegidos por sorteo. 
Y yo llevo dos años intentándolo y ninguno de los dos he salido elegido.

El mar a la salida del Puerto de Santa Pola no podía ofrecer mejor aspecto
Pues todos esos pensamientos iban rondando mi cabeza mientras nos alejábamos del Puerto de Santa Pola en nuestro barco taxi. El mar no podía tener mejor aspecto desde la borda...¡la jornada prometía!

Necesitamos apenas diez minutos para llegar a la Isla, en cuyo pequeño puerto desembarcamos, felices como perdices...

Desembarco en Tabarca. La aventura va a comenzar
Una vez desembarcados nos dirigimos a uno de los chiringuitos de la Isla  para cambiarnos y dejar nuestras pertenencias a buen recaudo, antes de comenzar a nadar.

Una vez cambiados, puesta la vaselina de rigor para las rozaduras, y descalzos, nos dirigimos al punto de partida. 

Playa de Isla Tabarca


Para quien conozca la Isla, parecería que el recorrido más lógico sería empezar en la pequeña playa existente en la misma -pese a ser una isla, solo tiene una playa, y no muy grande- y, después de bordearla totalmente por el agua, volver al punto de partida. Más que nada por la facilidad para entrar y salir del agua.



Pero no pudo ser. Al parecer la normativa marítima impide cruzar la bocana del puerto -por evidentes razones de seguridad-, con lo cual nos tocó salir desde un lateral de uno de los espigones. La bajada hacia el agua fue todo menos deportiva y elegante.... En efecto, lo resbaladizo de las rocas y la abundancia de erizos en las mismas, hizo que aquella "carrera de obstáculos" fuera de lo más estresante, ante el miedo a dar con nuestros huesos en tierra...

Finalmente, y una vez todos en el agua, empezamos a nadar...

Los fondos marinos del Mediterráneo en los alrededores de la Isla son espectaculares
Y qué voy a decir de las aguas del Mediterráneo en Tabarca, una de las escasísimas reservas marinas existentes en nuestro país, y donde está absolutamente prohibido casi todo, excepto disfrutar las de las vistas, en aras de preservar los maravillosos fondos existentes.

Enseguida se hicieron dos grupos, uno mayor, formado por los pro, capitaneados por Rafa Aledo. Y un grupo lento formado por Clara y por mí, que íbamos a nuestro ritmo, sin dejarnos impresionar por el batido imponente de brazos y piernas de los pro, siempre marcando la senda por delante de nosotros... 

Y luego estaba el grupo de Eduardo, formado por él mismo, y que se entusiasmó tanto viendo fondos que seguía todo menos la línea de costa, e iba haciendo zig zags constantes, con lo cual su recorrido fue más largo... y más lento.

Cada 500 metros, más o menos, los pro paraban para esperarnos a los que íbamos más despacio, y hacíamos un pequeño alto en el camino para comentar anécdotas.

Una vez que giramos el cabo donde se sitúa el Faro de Santa Pola empezó la diversión. Hasta entonces, el mar era un plato, limpio y cristalino. Pero una vez girado el Cabo, el viento de Sur empezó a dejarse notar, y con ello el mar empezó a moverse, aunque poco. Y vimos la primera medusa.

Medusa Cotilorhiza, llamada "de huevo frito"
Lo cierto es que el agua estaba tan sumamente cristalina, que se veía con total nitidez, moviéndose muy despacio al ritmo que le marcaba la corriente. Era del tipo Cotilorhiza, o medusa "de huevo frito", que es sumamente frecuente en estas costas y en estas fechas.

Y no le dimos más importancia. Al fin y al cabo, esto es el Mediterráneo, y aquí hay medusas, nos guste o no. Al poco, volvimos a ver otra: misma maniobra para evitarla, y a seguir nadando, a seguir disfrutando. 

Cuando llevábamos unos 2.000 metros recorridos, hicimos una parada algo más larga, en la que Rafa nos dio instrucciones para seguir adelante. Los alrededores marinos de la Isla de Tabarca no son regulares, ni mucho menos. Eso, unido a a la escasísima profundidad de algunas zonas, hacía que si no íbamos correctamente orientados, corriéramos el riesgo de encallar y vernos atrapados en aquellas praderas de Posidonia que nos rodeaban por todas partes. 

Y también comentamos, entre risas, que empezaban a aparecer la medusas, y nosotros comenzábamos a rezar para que la cosa no fuera a más.

Pero no hubo suerte, conforme íbamos avanzando, lo que al principio era una exótica y única medusa flotando plácidamente a unos metros, se empezó a convertir en un grupo cada vez más numeroso de ellas. La cosa empezaba a ponerse regular. 

Clara y yo, que íbamos detrás y más separados, las íbamos viendo claramente. Pero los pro, que iban agrupados delante de nosotros y, por lo tanto, chapoteando muy cerca unos de otros, no las veían apenas hasta que no las tenían encima. Mal asunto.

En la parada de los 3.000 metros Rafa Aledo sugirió reagruparnos en la playa, que estaba muy próxima, para tomar una decisión al respecto. Y, de paso, esperar a Eduardo, que venía a su aire, haciendo zig zags y disfrutando..., aunque luego confesó que también le tocó esquivar a bastantes medusas. 

Una vez en la orilla, se tomó la decisión de no continuar nadando, ante la abundancia cada vez mayor de medusas, y el riesgo cierto de tener un problema serio con ellas. Hasta ese momento la cosa se había saldado con un par de picaduras a alguno con peor suerte, pero poco más. 

Y allí acabó la Travesía Pirata. Lo que en principio iba a ser una vuelta completa a la isla de unos 4,5km. quedó reducido a 3,2km., ya que nos faltó por completar la vuelta a la parte de la Isla que está habitada, para desembocar en el otro espigón del puerto, tal y como estaba planeado en un principio.

No obstante, visto desde la frialdad que da la distancia y el tiempo, fue la decisión más acertada; porque realmente no sabíamos lo que nos esperaba y corríamos el riesgo de, si el asunto se ponía más feo, no tener margen para salir del agua, ante la zona de acantilados que nos quedaba aún por bordear. Rafa Aledo, mucho más experto, por haber hecho el recorrido varias veces, tomó la decisión más acertada a la situación que se planteó.

O sea, que nos salimos del agua y esperamos un ratito al tranquilo de Eduardo, que venía a su aire, y más feliz que una perdiz, como luego reconoció entre risas.

Y una vez duchados y cambiados, nos dirigimos al chiringuito de turno a hacer un larguísimo almuerzo jalonado de risas, bromas y anécdotas, ya que, en realidad, habíamos venido a almorzar, y la nadada había sido solamente la excusa "para hacer hambre"

Esperando la Tabarquera, con Javi Valero
Sobre las 12 de la mañana, varios de los integrantes de la expedición nos despedimos, para ir al puerto a coger la Tabarquera de turno, que venía atestada te turistas de sombrilla y nevera, dispuestos a pasar el día en aquellas maravillosas aguas. El resto se quedó en la Isla, prolongando la estancia con comida, merienda y casi cena, todo ello jalonado con mojitos, chupitos y otras bebidas espirituosas para recuperarse del esfuerzo hecho en el agua.

La experiencia, aunque incompleta, fue maravillosa para mí, y acrecentó aún más si cabe mi deseo de hacer la Travesía Tabarca-Santa Pola, una vez que, conocidas aquellas aguas, ningunas otras serán tan atractivas para nadar para mí.


Espero que os haya gustado

¡Nos vemos en el agua!

José María Galera
OWS Alicante